LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA HUMANIDAD (Libros que cambiaron el mundo, 2)

[De la serie Libros que cambiaron el mundo]

Los Grados actuales en las universidades españolas incluyen un trabajo de fin de carrera, proyecto final que, creo, antes solo tenían ingenierías y arquitecturas. Me parece una de las pocas buenas ideas del llamado Plan Bolonia, porque puede servir para unir o aplicar los conocimientos o metodologías acumulados a lo largo de los estudios, algo muy interesante en las deslavazadas carreras de humanidades. Si el estudiante se lo toma en serio, permite concentrarse en un solo punto, cabe pensar que elegido en libertad por uno mismo, no impuesto por las exigencias de una asignatura y sin las limitaciones de un trabajo cuatrimestral. Es una manera de meterse a fondo en un tema que a uno le interesa de verdad, una experiencia que puede cambiar la forma de investigar y que puede marcar a la persona. Al menos, de nuevo, en los estudios de humanidades. Aunque yo no tuve un proyecto oficial de fin de carrera, sí considero como tal una monografía que desarrollé en mi cuarto y penúltimo año de licenciatura, para una asignatura llamada Cultura Contemporánea. El trabajo me absorbió y obsesionó durante cuatro meses, y fue una suma y focalización de todo lo aprendido hasta entonces. De fondo, la asignatura consistía en una exploración sin límites sobre Auschwitz, hasta el punto de que incluyó un devastador viaje real al campo de exterminio.

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Mi trabajo fue acerca de Karl Kraus, probablemente el autor que más ha influido (porque encajó con mis potencias latentes) en mi forma de ver el mundo y de enfocar la mejor forma de tener un papel en él. Es mi referente moral. Digamos que de mayor me gustaría ser como él, y una visión idealizada de mi blog o de mis proyectos de autoedición me llevan a pensar, ingenua y modestamente, que puedo llegar a tener mi propia Die Fackel en una escala mucho más humilde. Ya dediqué hace tiempo una serie de entradas a su obra y pensamiento, que pueden encontrarse aquí, y que incluyen un montón de citas que me cambiaron la vida. Entre su vasta producción, que incluye infinidad de artículos y ensayos brillantes sobre los temas clave de su mundo (que, disfrazado y suavizado, sigue siendo el nuestro), es muy difícil elegir uno solo, puesto que funcionan como un todo, una cosmovisión puesta en tinta a lo largo de décadas, y puesta en realidad por la propia y comprometida vida de Kraus.

losultimosdiasdelahumanidad2Pero voy a citar dos títulos de su obra. Cada uno de ellos contiene una frase que, desde que la leí, no ha cesado de multiplicar su efecto sobre mí. Kraus, no hace falta decirlo, era un maestro del aforismo. La primera cierra su monumental obra maestra Los últimos días de la humanidad. Es una cita real del emperador austrohúngaro Francisco José, de su reacción ante las consecuencias de la Gran Guerra que contribuyó a desatar. Dijo: “Y o n o q u e r í a e s t o”. Con millones de inútiles cadáveres acumulados, con sociedades destruidas y la humanidad europea arruinada física y moralmente, el buen dirigente se dio de pronto cuenta de lo que había pasado. De alguna manera, el sujeto divino sospechaba su responsabilidad, sin llegar a atreverse a aceptarla del todo. Con su frase, admite su culpa (¡casi total!), sin tomar más penitencia que un cierto dolor que le acompañará mientras viva.

La frase condensa toda la problemática de la responsabilidad, en este caso del inconsciente y egoísta poderoso, pero también la de la sociedad que lo tolera y a menudo apoya. Me acompaña cada día, cuando leo las noticias o análisis socioeconómicos de nuestro tiempo. Imagino a nuestros queridos políticos de la transición envejecidos, empequeñecidos ante un país que se cae a pedazos y a duras penas mantiene un esqueleto de normalidad, diciendo (y, hasta cierto punto, creyéndose) esa frase ante su espejo, ante su cónyuge; nunca ante la prensa, ante la opinión pública. Por otro lado, no imagino a los poderes financieros entonando un “y o n o q u e r í a e s t o”, porque lo que querían —DINERO— se ha hecho realidad y, además, no tienen que rendir cuentas ante nadie, solo disfrutar de los beneficios que les ha traído la implantación del neoliberalismo. A los políticos en ese sentido aún los contemplo de manera diferente, con un resquicio de vergüenza que puede llegar a asomar en los momentos bajos de ánimo por la necesidad de rendir cuentas, necesidad no por incumplida menos real. Esto no quiere decir que vayan a cambiar sus políticas, pero mientras haya elecciones y protestas habrá restos de serrín moral en los políticos, y ahí está la esperanza. El “y o n o q u e r í a e s t o” puede incluso aplicarse a la vida de cada uno, a ese duro momento en el que cada cual se da cuenta de que su inacción o malas o cobardes decisiones le han llevado a un lugar lejos del soñado. Pero, lo dicho, mientras exista conciencia de esa responsabilidad, hay esperanza.

losultimosdiasdelahumanidad3La segunda frase es ya todo un imperativo categórico político-moral para mí. Aparece en La tercera noche de Walpurgis y es más simple y clara: “Todo, pero no Hitler”. En sus últimos años, Karl Kraus pareció abandonar todas sus convicciones previas para apoyar al Primo de Rivera austriaco, Engelbert Dollfuss. No lo hizo feliz, lo hizo porque le parecía la única alternativa viable ante la barbarie. Literalmente, el menor de los males. La socialdemocracia hundida, el socialismo y el comunismo sovietizados y, como gran fuerza, el nazismo. Solo la dictablanda de Dollfuss parecía tener alguna opción de contener al nazismo, mediante un nazismo de baja intensidad. Kraus lo toleró por entender que era la única posibilidad de escapar de Hitler, a quien identificó con lucidez como el mayor peligro para la humanidad, peor aún que el apocalipsis de la Gran Guerra. Los demás actores políticos ya no tenían fuerza para acceder al poder o, si lo hubieran conseguido, solo habrían logrado el desencadenamiento de guerras civiles. Dollfuss, sin garantizar nada porque todo era débil ante Hitler, prometía presentar algo de batalla para mantener una cierta estabilidad, un dique de contención del nazismo aun aplicando técnicas y prácticas del fascismo del sur. Kraus no era tonto, por eso apoyaba a Dollfuss tapándose la nariz, con asco y hasta vergüenza. Pero era la única vía realista que contemplaba para poder hacer realidad su máxima última: “Todo, pero no Hitler”.

Con el tiempo, esta cita también se ha convertido en un mantra que resuena en mi cabeza ante las dinámicas sociales, políticas y económicas, tan revueltas hoy. En el (a medio plazo) improbable caso de volver a darse un futuro en el que fuerzas políticas extremistas compitieran por el poder, no me cuesta imaginarme un escenario en el que depositara mi voto para el PP, si fuera el único partido remotamente democrático en pie y capaz de conseguir el poder y mantener el mínimo de estabilidad que impide la explosión de la guerra civil. Esperemos que nunca llegue ese día, pero tolerar a esa gentuza sería mejor que colaborar en provocar una Guerra. Karl Kraus sufrió mucho aunque, ante el avance de la barbarie, no tendría demasiadas dudas de estar haciendo lo correcto.

Karl Kraus: Contra la triple alianza de tinta, técnica y muerte (IX)

5. MEMORIA

El mundo contemporáneo, capaz de tolerar los episodios registrados en esta obra, ha de posponer el derecho a reír al deber de llorar. [Los últimos días de la humanidad]

A Kraus le atormentaba, y no creo que sea un verbo exagerado, el hecho de que la humanidad no hubiera aprendido nada de la guerra. Cuando le hablaban de que el conflicto terminaría trayendo la paz, él lo entendía como una parodia de la paz perpetua kantiana.

-¿Quién mejor que usted ha visto cómo la humanidad se pudre en tiempos de paz? / -Y lleva su podredumbre a la guerra, se la contagia, deja que la corroa y vuelve a ponerla a salvo, incólume y aumentada, en la paz. [Los últimos días de la humanidad]

El rechazo a la memoria es la mayor infamia que la humanidad puede hacerse a sí misma. Se niega la dignidad a las víctimas, se reconoce implícitamente que murieron por nada. La guerra, para la humanidad perdida, sólo existe cuando se está desarrollando. Pero no volverá a suceder en el futuro, no se piensa en ello. Y sobre lo que ocurrió en el pasado se mira hacia otro lado, no hay culpables. ¿Hubo causas, hubo causantes? No, porque no sucedió. Y si alguien recuerda que sí que pasó, lo atribuye al azar. Pero, un buen día, la guerra y el sufrimiento latentes vuelven a materializarse:

Un pobre pueblo levanta, suplicando y conjurando, su mano derecha hasta el rostro, hasta la frente, a toda esta racha de mala suerte y desgracias: ¡Por cuánto tiempo todavía! ¡No durará tanto como la memoria de todos los que han padecido lo indescriptible que aquí ha sido hecho; como el recuerdo de cada corazón pisoteado, de cada voluntad quebrantada, de cada honor mancillado, de todos los minutos de felicidad robada a la creación, y de cada cabello mesado de la cabeza de todos aquellos que no han cometido otro crimen que el haber nacido! Durará hasta que se alcen los buenos espíritus de un mundo de hombres y se apliquen a la venganza. [La tercera noche de Walpurgis]

Cuando el pueblo vuelve a sufrir es cuando recuerda, pero ya es demasiado tarde y ellos quedarán también en el olvido hasta la próxima vez que ocurra. Se van acumulando las víctimas, permanecen en la memoria únicamente en el limbo; la única opción es sacarlos de allí y exponerlos cuando hay oportunidad. Y es lo que hacía Karl Kraus. O, al menos, lo que intentaba hacer, «pues ya la pluma se niega a describir tales cosas como lo pediría la memoria de todos aquellos mártires e incluso la de aquellos que han tenido simplemente la angustia de la muerte y la burla bestial del arma que se les metía por los ojos». Porque:

 Despertó aquel mundo, y se extinguió el verbo. [No se pregunte]

Karl Kraus: Contra la triple alianza de tinta, técnica y muerte (VIII)

4. PRENSA

La prensa para Kraus es el espacio en el que muere el lenguaje. Es la dictadura del tópico y de la frase hecha, del desprecio al sentido correcto de las palabras. Como medio de masas, desde ella se extiende la fraseología a sus lectores, toda su amoralidad -o directamente inmoralidad- se transmite a la sociedad. La verdadera realidad no importa: la noticia es la realidad y «la vida es tan sólo una copia de la prensa». Pero el lector sufre progresivamente de tal empobrecimiento intelectual que ya ni siquiera es la noticia lo que importa, sino el titular, tomado como dogma: «El titular ya lo dice todo, toda la terrible realidad». Los medios de masas parecen ofrecer todo lo que ocurre en el mundo, y además de forma casi inmediata. Lo que hay en un periódico se toma por el conjunto de la realidad, o al menos por lo único que importa saber. No sólo esto es falso, sino que encima lo poco que registra la prensa es transmitido de forma manipuladora. Sintetizando:

Jamás ha habido, pese a tanto despliegue, tan poca comunión como ahora. Jamás ha sido el formato del mundo de tamaña pequeñez. La realidad tan sólo tiene las dimensiones de la crónica periodística que trata de darle alcance con nitidez jadeante. El mensajero, que añadía imaginación a los hechos, se ha colocado frente a ellos y los ha hecho inimaginables. [Los últimos días de la humanidad]

Como lugar por excelencia de mercantilización del lenguaje, la prensa ofrece al autor satírico vienés la metáfora central para un mundo donde todas las relaciones sustanciales quedan cada vez más amenazadas por la lógica de aparatos cada vez más anónimos, que están al servicio de la administración de las conciencias y usan el lenguaje y el discurso como instrumentos particularmente poderosos de regulación y de represión. (António Sousa Ribeiro sobre Karl Kraus, en Karl Kraus y su época)

¿Es la prensa el mensajero? No, es el acontecimiento. ¿Un discurso? No, la vida. [En esta gran época]

¿Cómo pueden los lectores de este reportaje de desenfrenos compadecerse de un viejo rabino torturado, si en la misma hoja se deja constancia de las delicias de un joven director general, llevando tras de sí la atención de los lectores? [La tercera noche de Walpurgis]

Los hechos se propagan antes de que se hagan.

No es que la prensa pusiera en marcha la maquinaria de la muerte […] pero nos socavó el corazón de tal modo que no pudimos ni imaginar lo que nos aguardaba: ¡por eso es culpable de esta guerra! [Los últimos días de la humanidad]

No me queda más remedio que inferir guerras y hambres del uso que la prensa hace de la Lengua, de la tergiversación de valores y sentidos, del vaciamiento y envilecimiento de todo concepto y contenido. [La tercera noche de Walpurgis]

Karl Kraus: Contra la triple alianza de tinta, técnica y muerte (VII)

3. PROGRESO Y TÉCNICA

Kraus aborda constantemente el problema del progreso, adelantando las tesis de Horkheimer y Adorno (no en vano, seguidores de sus lecturas y de Die Fackel). Los avances técnicos no traen los avances morales. No generan un nuevo lenguaje, y tenemos que utilizar el mismo para algo que se encuentra más allá de nuestras posibilidades. La tecno-ciencia va más allá de la escala humana; incluso avanzan contra la misma humanidad. Los medios de comunicación de masas o las armas cada vez más potentes se instauran en nuestro mundo y tenemos que interactuar con ellos, hacer uso de ellos; pero nuestras herramientas son las mismas que antes. Es un poder que no podemos controlar. Un poder supeditado cada vez más a los intereses económicos, que se preocupan bien poco de la muerte provocada por sus inventos mientras sean fuente de desmesurados beneficios. El progreso deshumanizador utiliza a los medios como voceros omnipresentes, imposibilitando el razonamiento propio y, con ello, anulando la moralidad. Sin esta, las armas tienen el camino libre para llevar a la barbarie.

Lo que caracteriza a la técnica es que no es capaz de producir tópicos nuevos pero deja al espíritu humano en un estado en que no puede prescindir de los viejos. En esta dualidad de una vida cambiante y de una forma de vivir que viene de antiguo, vive y crece el mal del mundo.

La técnica y el romanticismo aunados […] fábula y química, ornamento y organización, imbecilidad y bestialidad emprendían hombro con hombro su innombrable ofensiva contra la dignidad humana.

El progreso ha subordinado el fin de la vida a los medios de vida y nos ha hecho accesorios de nuestros aparatos […] guarda su vida espiritual para la propaganda de sus mercancías.

Como la vida moderna se somete al concepto de cantidad, la cual ya ni siquiera se mide sino que está siempre ya alcanzada y a la cual no le queda finalmente otro remedio que engullirse a sí misma; como el evidente récord no admite dudas y la torturante totalidad ahorra cualquier intento de seguir calculando, la consecuencia es que nosotros, agotados de tanta plétora, no nos interesamos por el resultado y que en una época en que recibimos dos veces al día, en veinte repeticiones, incluso las impresiones de las impresiones de todas las nimiedades, la gran cantidad se descompone en destinos individuales que sólo los individuos perciben y de repente, hasta en lo más alto, la deseada muerte heroica se contabiliza como un destino cruel. [El progreso]

Vergüenza debería darle a una mentalidad científica que alardea de prótesis en vez de ser capaz de prevenir las fracturas óseas por principio. La ciencia que hoy pone vendas a las heridas tiene un nivel moral nada superior a la que inventó las granadas. A su lado, la guerra como poder moral no sólo se contenta con remediar los daños que ocasiona, sino que además lo hace con el fin de dejar nuevamente a la víctima lista para el combate. [Los últimos días de la humanidad]

¡Pues hasta esta guerra de máquinas, acabada en empate, nunca ha habido unos beneficios de guerra tan monstruosos; y vosotros, vencedores o vencidos, habéis perdido la guerra, que supone una ganancia para vuestros asesinos! ¡Para vuestros asesinos cobardes y técnicamente desarrollados, que sólo pueden matar y vivir a distancia del escenario de sus crímenes! [Los últimos días de la humanidad]

El progreso puede transformar a un campesino de Westfalia en un estraperlista berlinés, pero lo que no puede hacer es lo contrario.

Las experiencias genuinas se diluyen conforme tienden a medirse según modelos diseñados mercantilmente. […] El público encuentra en la frase una experiencia que le correspondía pasar a él.

El problema, que ya se hizo consciente en la Primera Guerra Mundial, es la simultaneidad de fraseología y armas, cosa que, por encima y más allá de todo agrupamiento de estadistas, confecciona la triple alianza de la tinta, la técnica y la muerte. [La tercera noche de Walpurgis]

Karl Kraus: Contra la triple alianza de tinta, técnica y muerte (VI)

2. LENGUAJE

Una cita de Confucio que utilizaba Kraus sintetiza su visión del lenguaje:

Si los conceptos no son correctos, las palabras no son correctas; si las palabras no son correctas, los asuntos no se realizan; si los asuntos no se realizan, no prosperan ni la moral ni el arte; si no prosperan ni la moral ni el arte, la justicia no acierta; si la justicia no acierta, la nación no sabe cómo obrar. En consecuencia, en las palabras no debe haber nada incorrecto. Esto es lo que importa.

¿Puede uno imaginar una forma más sólida de afianzarse en lo moral que la duda lingüística? [La lengua]

El lenguaje no es el aya, sino la madre del pensamiento.

Todo va patas arriba en el mundo. Que haya encajado perfectamente los hechos realizados desde hace medio año [escribe esto ante la toma de poder de los nazis] es algo que se puede explicar probablemente por los efectos paralizadores del espanto. Pero ¿cómo pasó de largo por las palabras sin sufrir un calambre en el cerebro? [La tercera noche de Walpurgis]

Entre el aliento fogoso y la vida cotidiana surgió al momento un nexo: el tópico. [Los últimos días de la humanidad]

[Inciso. El tópico, definido por Canetti en La conciencia de las palabras: Las palabras que la gente utiliza con más frecuencia […] van a dar a ese depósito tumultuoso del que cada cual extrae lo que mejor se aviene con su pereza y lo repite hasta hacerlo irreconocible, hasta que dice algo muy distinto, lo contrario de lo que alguna vez significó.]

Un pueblo, digo yo, está acabado cuando sigue arrastrando sus frases hechas en un entorno en que revive los contenidos de esas frases. Esa es la prueba de que ya no vive sus contenidos. [Los últimos días de la humanidad]

La humanidad agoniza mientras disfruta de grandes palabras, ya vacías.

[Vivimos] una hipertrofia del cliché hablado y escrito que han llevado al éter y a las fábricas de papel a los límites de su capacidad de rendimiento; y sigue avanzando como una epidémica conmoción cerebral, ante la que nada de lo que todavía alienta puede oponer resistencia; el que trata de apartarse de esta epidemia se ve tan falto de tacto como uno que no se quitara el sombrero en el entierro de la humanidad. [La tercera noche de Walpurgis]

Hay una misteriosa concordancia entre estas cosas y el que las niega: ellas mismas producen, de forma autárquica, la sátira, y el objeto a observar tiene exactamente la forma que yo tendría que deducir y evidenciar para hacerlo transmisible, creíble y, al mismo tiempo, increíble: de manera que no se necesita ya más de mí, el satírico, y a mí no se me ocurre nada sobre él. [La tercera noche de Walpurgis]

Cuando hace su aparición en el mundo lo que uno tiene que decir ya hace mucho que ha dejado de ser verdad, pues los mismos mentirosos ya lo afirman ahora. [La tercera noche de Walpurgis]

Si aún tuviéramos imaginación, no haríamos guerra. […] Porque entonces la sugestiva fraseología heredada de un ideal caduco no tendría margen para ofuscar los cerebros; porque uno hasta podría imaginarse las atrocidades más inimaginables y sabría de antemano cuán breve es el camino que va del giro pintoresco y todas las banderas del entusiasmo desplegadas a la miseria gris del campo de batalla; porque la perspectiva de tener que morir de disentería o dejar que los pies se te congelen por la patria no movilizaría ningún patetismo retórico; porque al menos uno iría a la guerra con la seguridad de llenarse de piojos por la patria. [La tercera noche de Walpurgis]

¡Cómo ha ayudado la renovación de vida alemana a la vieja forma de decir a nacer de nuevo, en un nacimiento desgraciado! ¡A nacer tanto que la vieja Lengua ha perdido todo su campo de actuación figurada! […] En todos los campos de la renovación social y cultural nosotros somos testigos de esta explosión de la frase hasta hacerse algo fáctico, hasta convertirse en hecho, en acción. [La tercera noche de Walpurgis]

Enseñar a ver abismos allí donde aparecen lugares comunes: eso sería una tarea pedagógica para una nación crecida en pecados; supondría la salvación de los bienes de la vida, que se desprenderían de las ataduras del periodismo y de las garras de la política. Estar espiritualmente ocupado -lo que viene dado más por la lengua que por todas las ciencias que la utilizan- es esa dificultad en la vida que alivia todas las demás cargas. Resulta provechoso gracias a ese no-llegar-al-final en una infinitud que cada cual posee y a la que nadie se le niega el acceso. [La lengua]