Karl Kraus: Contra la triple alianza de tinta, técnica y muerte (VI)

2. LENGUAJE

Una cita de Confucio que utilizaba Kraus sintetiza su visión del lenguaje:

Si los conceptos no son correctos, las palabras no son correctas; si las palabras no son correctas, los asuntos no se realizan; si los asuntos no se realizan, no prosperan ni la moral ni el arte; si no prosperan ni la moral ni el arte, la justicia no acierta; si la justicia no acierta, la nación no sabe cómo obrar. En consecuencia, en las palabras no debe haber nada incorrecto. Esto es lo que importa.

¿Puede uno imaginar una forma más sólida de afianzarse en lo moral que la duda lingüística? [La lengua]

El lenguaje no es el aya, sino la madre del pensamiento.

Todo va patas arriba en el mundo. Que haya encajado perfectamente los hechos realizados desde hace medio año [escribe esto ante la toma de poder de los nazis] es algo que se puede explicar probablemente por los efectos paralizadores del espanto. Pero ¿cómo pasó de largo por las palabras sin sufrir un calambre en el cerebro? [La tercera noche de Walpurgis]

Entre el aliento fogoso y la vida cotidiana surgió al momento un nexo: el tópico. [Los últimos días de la humanidad]

[Inciso. El tópico, definido por Canetti en La conciencia de las palabras: Las palabras que la gente utiliza con más frecuencia […] van a dar a ese depósito tumultuoso del que cada cual extrae lo que mejor se aviene con su pereza y lo repite hasta hacerlo irreconocible, hasta que dice algo muy distinto, lo contrario de lo que alguna vez significó.]

Un pueblo, digo yo, está acabado cuando sigue arrastrando sus frases hechas en un entorno en que revive los contenidos de esas frases. Esa es la prueba de que ya no vive sus contenidos. [Los últimos días de la humanidad]

La humanidad agoniza mientras disfruta de grandes palabras, ya vacías.

[Vivimos] una hipertrofia del cliché hablado y escrito que han llevado al éter y a las fábricas de papel a los límites de su capacidad de rendimiento; y sigue avanzando como una epidémica conmoción cerebral, ante la que nada de lo que todavía alienta puede oponer resistencia; el que trata de apartarse de esta epidemia se ve tan falto de tacto como uno que no se quitara el sombrero en el entierro de la humanidad. [La tercera noche de Walpurgis]

Hay una misteriosa concordancia entre estas cosas y el que las niega: ellas mismas producen, de forma autárquica, la sátira, y el objeto a observar tiene exactamente la forma que yo tendría que deducir y evidenciar para hacerlo transmisible, creíble y, al mismo tiempo, increíble: de manera que no se necesita ya más de mí, el satírico, y a mí no se me ocurre nada sobre él. [La tercera noche de Walpurgis]

Cuando hace su aparición en el mundo lo que uno tiene que decir ya hace mucho que ha dejado de ser verdad, pues los mismos mentirosos ya lo afirman ahora. [La tercera noche de Walpurgis]

Si aún tuviéramos imaginación, no haríamos guerra. […] Porque entonces la sugestiva fraseología heredada de un ideal caduco no tendría margen para ofuscar los cerebros; porque uno hasta podría imaginarse las atrocidades más inimaginables y sabría de antemano cuán breve es el camino que va del giro pintoresco y todas las banderas del entusiasmo desplegadas a la miseria gris del campo de batalla; porque la perspectiva de tener que morir de disentería o dejar que los pies se te congelen por la patria no movilizaría ningún patetismo retórico; porque al menos uno iría a la guerra con la seguridad de llenarse de piojos por la patria. [La tercera noche de Walpurgis]

¡Cómo ha ayudado la renovación de vida alemana a la vieja forma de decir a nacer de nuevo, en un nacimiento desgraciado! ¡A nacer tanto que la vieja Lengua ha perdido todo su campo de actuación figurada! […] En todos los campos de la renovación social y cultural nosotros somos testigos de esta explosión de la frase hasta hacerse algo fáctico, hasta convertirse en hecho, en acción. [La tercera noche de Walpurgis]

Enseñar a ver abismos allí donde aparecen lugares comunes: eso sería una tarea pedagógica para una nación crecida en pecados; supondría la salvación de los bienes de la vida, que se desprenderían de las ataduras del periodismo y de las garras de la política. Estar espiritualmente ocupado -lo que viene dado más por la lengua que por todas las ciencias que la utilizan- es esa dificultad en la vida que alivia todas las demás cargas. Resulta provechoso gracias a ese no-llegar-al-final en una infinitud que cada cual posee y a la que nadie se le niega el acceso. [La lengua]

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Karl Kraus: Contra la triple alianza de tinta, técnica y muerte (V)

[Divido el pensamiento de Karl Kraus en cinco partes: moral, lenguaje, progreso y técnica, prensa y memoria. Todos interrelacionados entre sí, ya que por su acción conjunta se retroalimentan y, a la vez, de los cambios en uno pueden ver las soluciones en los demás. Como hablo demasiado, me voy a hacer elegantemente a un lado y voy a dejar a Kraus que diga lo que tiene que decir sobre cada uno de estos temas, recuperando así también su carácter aforístico.]

1. MORAL

Los valores fundamentales son la dignidad, la responsabilidad y la libertad. Coinciden en la exigencia, individual o colectiva, de plantearse los fines de la existencia. Pero para Kraus, como dice Janik, «los hombres, no las ideas, son morales e inmorales». La moral no es un tema abstracto, sino que se expresa en hechos concretos, causados por alguien. Karl Kraus se tomaba su labor de crítica a los infames casi como una misión sagrada, a la que dedicó toda su vida.

Hostigar a los sinvergüenzas es una tarea ética.

¿Puede haber una respuesta más ética que la «propaganda» de lo que pasa, tan pronto como exista el menor indicio de que se cometen atrocidades? ¿Puede haber una ficción más mentirosa, más indigna que el echar en cara que se hace «propaganda»? [La tercera noche de Walpurgis]

El espíritu, el arte o el amor han sido sustituidos respectivamente por la opinión, la diversión y la disipación.

La polémica y la sátira son armas con las que llevar a los hombres fuera de la superficialidad, la corrupción y lo deshumanizador que hay en el pensamiento y acción humanos, las armas con las que reintegrarlos al “origen” de todos los valores y, por consiguiente, a cumplir, de un modo efectivo, una regeneración de la cultura en su conjunto.

No, somos nosotros los que hemos hecho posible que granujas como él no sean responsables de su juego. Somos nosotros los que hemos aprendido a respirar en un mundo proclive a embarcarse en guerras de las que luego no puede responsabilizar a nadie. Y responsabilizar de lo único por lo que realmente hay que asumir responsabilidades: el disponer de la vida, la salud, la libertad, el honor, la propiedad y la felicidad del prójimo. Cretinos aún peores que nuestros jefes de Estado… [Los últimos días de la humanidad]

La sociedad burguesa consiste en dos tipos de hombres: los que dicen que en algún lugar se ha desalojado un antro de corrupción y los que lamentan haberse enterado tarde de las señas. Esta clasificación presenta la ventaja de que puede aplicarse, además, a una y la misma persona. [El semillero del vicio]

La moral debería ser privada, y tener poco o nada que ver con lo jurídico y penal, [puesto que] la exigencia moral puede llevar a transgredir la ley establecida […] El delito contra la moral supone la consciente transformación de una inmoralidad individual en inmoralidad general.

Sólo una voluntad suicida que miente hasta el final, definitivo e irreparable, podría negar la mayor ventaja que supone la salvación de la vida. [La tercera noche de Walpurgis]

¡Si por lo menos no se hubiera comprado la pérdida de la cultura sobre todo con vidas humanas! ¡Lo más insignificante que se le quite a la más pobre de las existencias humanas, aunque sólo sea una hora de vida, pesa tanto como toda una biblioteca quemada! [La tercera noche de Walpurgis]

Karl Kraus: Contra la triple alianza de tinta, técnica y muerte (IV)

¿Y la prensa? ¿Ha mejorado? Al contrario, noticias que le chocaban a Kraus y destacaba en
Die Fackel
(la revista que editó y escribió él mismo entre 1899 y 1936) ahora se quedan cortas ante lo que leemos y escuchamos cada día. Además, la radio y, sobre todo, la televisión, lograron la extensión máxima de la fraseología: los lugares comunes, las frases hechas, las palabras vacías, el cinismo inútil de lo políticamente correcto. Esta se alza triunfante, tanto en el periodismo como en el arte. Y especialmente en los políticos, cuyo irresponsable uso de la lengua modifica la moral de todos sus votantes. Por ejemplo, el abuso del argumento del tu quoque (“y tú más”) se reproduce en la calle, y nadie acepta tener la culpa de nada. No hay más que prestar oídos a cualquier conversación para entender que no sería difícil componer hoy una obra a partir de clichés lingüísticos utilizados por distintos tipos sociales, como Los últimos días de la humanidad. Kraus también vio pronto la fuerza de la publicidad; para él, un cartel era «el horror de la vida resumido». Leer a Kraus hablando de cómo la prensa reproducía los intereses de los poderosos e inventaba e implantaba falsas necesidades casi parece un juego de niños ante la omnipresencia contemporánea de la publicidad, que adopta infinitas formas y ya difícilmente puede separarse de la vida. La fraseología no pertenece hoy en exclusiva a la palabra, sino que la retórica de la imagen también funciona como potente vehículo de transmisión ideológica. La prensa elabora su línea editorial pensando en si les parecerá bien a sus anunciantes, al tiempo que todos los medios de masas se unen para, a partir de la repetición, establecer estereotipos culturales y fomentar el consumismo, a estas alturas más nihilista que materialista. En todo caso, de nuevo hay que insistir en que, al menos, por ahora no forma alianza con la muerte.

Pero esto no es cierto. Sigue habiendo muerte, sólo que no la nuestra; aquí “solamente” tenemos hipocresía, inmoralidad, irresponsabilidad. Pero, mientras escribo esto, en estos instantes, mientras lo lees, se está produciendo en varios lugares del mundo la tortura, la violación, la muerte de seres humanos, inocentes o no. Y lo toleramos. Karl Kraus no pudo expresar mejor la indignación y la impotencia ante esto:

¿Pero es que el mundo puede seguir haciendo tranquilamente su trabajo cotidiano, puede seguir reposando en un sueño reparador, teniendo presente lo que pasa? ¿Dándose cuenta de que estas cosas suceden en el preciso momento, ipso facto, de ser imaginadas, y de que continúan sucediendo incesantemente, de que hay hombres que están echados y no duermen, hasta que son golpeados y se ven obligados a contar los golpes, y de que hay posibilidades de pena y ansias de pena, de crueldad sin sentido ni perspectiva alguna, ante las que palidecen la tortura y el riesgo de tiempos de guerra? [La tercera noche de Walpurgis]

¿Por qué seguimos priorizando en nuestra vida lo superficial? ¿Por qué sigue triunfando el egoísmo y la ausencia de empatía con el sufrimiento? ¿Por qué parece que seguimos sin darle la importancia debida a la memoria? Tenemos presente lo que pasa, no hay excusa. Como mínimo, tenemos que hacer como Karl Kraus y denunciar, denunciar y denunciar. Denunciar mostrando.

Karl Kraus: Contra la triple alianza de tinta, técnica y muerte (III)

En el mundo contemporáneo, si bien por ahora parece que hemos desterrado la violencia masiva de nuestros territorios, sigue campando fuera de ellos, y con nuestro beneplácito. La deshumanización sigue avanzando en una realidad regida por la economía, en la que ni la moral ni la cultura parecen tener lugar. El triunfo contemporáneo de la psicología sobre las demás formas de entender al ser humano podría ser equivalente al del psicoanálisis en su época, que tanto criticaba, ya que supone el triunfo de una visión reduccionista y mecánica de la vida, en la que los valores no son morales sino pragmáticos. Ya Kraus advertía del peligro de ver las cosas de forma exclusivamente cuantitativa. Ya advertía de los graves problemas causados por ser la economía un fin, no un medio. Por ser una forma del progreso con una lógica diferente, e independiente, a la de los seres humanos. Al plegarse a los meros números, la humanidad se olvida de que cada uno de ellos representa a un individuo, que un porcentaje sobre una tabla o un gráfico sólo traduce una pequeña parte de lo que son las cosas. Siendo positivo, hay que admitir que al menos en Occidente los números no representan muertes inútiles, por lo que Kraus podría llegar a darse por satisfecho al ver que en nuestros países en general se respeta la vida (la de los nuestros). Pero, en un mundo globalizado, la crítica ya no puede ser local, ni siquiera como alegoría de la totalidad. Ahora no se pueden soslayar las relaciones, porque a gran escala lo son todo. Hay que señalar a los responsables de las miserias con la mayor claridad posible, ya que aparecen difuminados en una realidad tan compleja y cambiante. No hay que dejar de decir que, por ejemplo, si hay hambrunas en Etiopía, podríamos evitarlas con una mínima parte de nuestro capital, tanto a nivel de atender una emergencia como luchando contra las causas (en las que jugamos un importante papel). El Kraus que criticaba que durante la Primera Guerra Mundial empresas alemanas vendieran armas a Estados Unidos no podría pasar esto por alto.

Karl Kraus: Contra la triple alianza de tinta, técnica y muerte (II)

Karl Kraus optó por el silencio cuando creyó que la palabra ya no tenía nada que decir ante el empuje de la barbarie. Pero sólo relativamente: en los primeros meses tras el estallido la Primera Guerra Mundial se espaciaron, pero no desaparecieron, sus textos. Y justificó su silencio ante el ascenso al poder de los nazis precisamente con una densa y larga obra: La tercera noche de Walpurgis. Es cierto que la palabra no puede decirlo todo, que la acción a veces la supera, que si nadie quiere escuchar sirve de poco hablar. Pero Kraus demostró que hay que insistir. Que la humanidad no puede hacerse a un lado cuando triunfa la barbarie; al contrario, debe mostrar como pueda que todavía existe. Que las palabras todavía pueden hablar del mundo y al mundo, aunque sean insuficientes. «Ninguna razón de inhibición frente a la coacción tendría el poder suficiente como para silenciar sus convicciones más íntimas», dice Kraus. Pero mientras existan esas razones y alguien las diga, no todo está perdido. Así, el silencio no es una opción.

Al contrario, hay que hablar. Hay que decir mucho mientras la irracionalidad se pasee triunfante. Hay que seguir dejando en evidencia la inmoralidad, la irresponsabilidad, el lenguaje vacío que impide el pensamiento y convierte a la sociedad en su miserable espejo. Aunque nuestra época sea diferente a la de Kraus, sus problemas no son tan distintos. El conformismo, el hedonismo o la falta de responsabilidad y de empatía con el sufrimiento siguen estando ahí. Cada época debería tener su Karl Kraus, su constante azote, molesta conciencia que, si bien no puede impedir la impunidad, al menos sí puede lograr que la falsedad quede a la vista de todos (aunque, sin sentido de la responsabilidad, esto termine sirviendo de poco). Sigue habiendo mucho dolor en el mundo, ante lo que se puede recuperar esta cita de Walter Benjamin: «A las sensaciones siempre iguales con que la prensa diaria sirve a su público, Kraus contrapone las “nuevas” eternamente renovadas que hay que comunicar respecto a la historia de la creación: la lamentación continua y eternamente renovada». La lamentación ha de renovarse mientras haya inocentes que sufran y egoístas que mientan y se aprovechen. Cada época debería tener su Karl Kraus.