EXTREME PRIVATE EROS / LOVE SONG 1974: La mano invisible del patriarcado

La sombra del patriarcado es alargada. Luchar contra él es combatirlo desde dentro, como para luchar con el platonismo en Occidente partimos de sus reglas implantadas en nosotros.

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En Extreme Private Eros: Love Song 1974 (parece que siguiendo ese enlace puede verse entera), la exnovia del director Kazuo Hara pelea contra todo con todas sus fuerzas, que son muchas. No se rebela tanto como se revuelve, como un animal herido o que moriría antes que ser herido. Así quiere educar a sus hijos, como ferales. Miyuki no es un libro abierto porque no es un libro, es carne abierta, expuesta porque a sus invisibles dueños les interesa ocultar sus reacciones a lo que se le aplica. Dañada y peleona como un toro después de las últimas banderillas, sus banderillas son el sistema patriarcal japonés, que la parte en tres dentro de sí: el estereotipo que le impone ese sistema; su biología; la denodada, confusa, desesperada y nihilista guerra entre ambas. Escindida, sufre intensamente, pero vive. Subvirtiendo los criterios habituales de dignidad, se hace terroríficamente digna.

El resultado de la guerra no se sabe. No de su guerra, que perderá en su tiempo histórico casi con toda probabilidad, sino de la guerra. Las luchas sociales y políticas casi siempre fracasan en sus objetivos, cuando los tienen; o en sus deseos, cuando surgen por impulso. Pero son fracasos según la medida del poder vigente, orientado al éxito inmediato. Ese poder que introduce en sus súbditos la idea de que para qué manifestarse si no sirve para nada. ¡Egoístas! Quizá para ti no, pero probablemente sí para los hijos o nietos de todos, los que se manifiestan y los que no. El pensamiento revolucionario es similar al pensamiento empresarial, en cuanto busca resultados concretos, sin paciencia. La diferencia está clara, puesto que uno se origina eléctricamente en el sufrimiento, para escapar de él, y el otro en el impulso hacia el poder. El resultado suele ser similar: la revolución explosiva termina implosionando, oprimiendo a los opresores sin dejar de oprimir realmente a los oprimidos; sobre la ideología empresarial actual, mejor que escribir nada es mirar y leer alrededor. Miyuki es egoísta, agresiva, racista; pero, en el fondo, sabe que su lucha es la de todas las mujeres. Acepta sacrificarse por ellas y por sus hijos, sintiendo además que el sacrificio no es tal porque no hay nada que perder.

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Miyuki gana batallas contra el patriarcado. Gana la capacidad individual de decidir y de actuar esas decisiones. Pero está sola, es antes un bicho de circo, una “exnovia loca”, un caso de estudio al que incluso se le dedica un documental, que una mujer ejemplar. Así se plantea. Y así termina aceptándolo ella. Después de hacer realidad sus utopías maternales (dar a luz por sí misma, aún más radicalmente que la esposa japonesa —dato no del todo casual— de Sánchez-Dragó; participar en una comuna de madres-hijos), se hacen realidad las del patriarcado. Que, una vez convertida en stripper, son reducirla a mero objeto de contemplación; más aún, que ella llegue a serlo por sí misma, para que la aparente humillación sea más clara (más excitante…) a ojos de los dominadores.

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Queda abierta la pregunta de qué pasó después con ella, ¿perdió la guerra finalmente? Pero, en cierta medida, desde nuestro hoy podemos responder todas las demás: si ella y otras (incluido tal vez Kazuo Hara) no hubieran vivido y vivieran por sí mismas, conscientes de estar haciéndolo, la mano invisible del patriarcado que también atrapó a Miyuki seguiría siendo hoy mucho más invisible de lo que todavía es. Sin las luchas que hoy llevamos a cabo, obviamente criminalizadas, que intentan (inútilmente) de ser despojadas de poder político verbalmente, que intentarán (¿inútilmente?) ser reprimidas con violencia creciente, el futuro sería mucho peor durante mucho más tiempo de lo que parecería que va a ser. Si no, ¿para qué se iban a molestar en humillarnos o apagarnos? Malditos, ignorantes pater familias.

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