THE ART STAR AND THE SUDANESE TWINS: Imágenes del cuerpo ajeno

(Dicen que) dice el crítico de arte Jerome Sans:

Artists who “work” on themselves, including the early Zhang Huan (65 kg. 1994) and the most recent Marina Abramovic (The House with the Ocean View, 2002) can have integrity, and respect for themselves and others. Whatever they endure, they endure themselves. They are on a journey, and the audience is a part of it, but mainly as witnesses.

Artists who “work” on others, though, like Wearing, Beecroft, and Sierra, are misanthropes, people-haters, who not only want to see others humiliated or ordered around, they want to do it themselves. For them, the audience is implicated in the whole scam by visiting and watching and buying and supporting their work. A massive sliming of mutual humiliation.

Dice Vanessa Beecroft, dándole la razón al convertir en frívola estética el cuerpo ajeno (y encima el cuerpo ajeno indefenso y sufriente), en una de las películas más aberrantes que se pueden contemplar:

tumblr_m5ihbpEGNz1qb4pxeo1_500¿Dónde deja todo esto a los directores de cine? ¿Y a los que escribimos sobre cine? ¿No nos aprovechamos también indirectamente de la manipulación de los cuerpos, para satisfacer nuestras pulsiones y callando cuando lo grabado merece ser denunciado como deshumanizador? ¿No contribuimos a esa deshumanización? ¿Por qué no podemos creernos ya la ficción? ¿Por qué la única ficción en la que todavía se cree como tal es en la de las series, físicamente tan planas como la vieja novelucha por entregas? ¿Por qué la única ficción que se cuenta (y se acepta) como creíble es la del discurso económico, que no tiene imágenes sino que es pura y falazmente numérico? ¿Por qué la única fuerza de impacto que tienen hoy las imágenes es la de lo físico humano innumerado, como mucho como masa innumerable o como numeración de partes (fotografía de muchedumbres desnudas, trío, doble penetración, gangbang con 237 hombres, sueldo antes y después de retenciones fiscales), pero siempre tomado como herramienta o como “documento”? ¿Dónde queda la ingenua simpatía por el paisajismo de wallpaper de Windows, además de en wallpapers con una presencia constante en nuestra vida estética cotidiana? ¿Tiene algo que ver esa permanencia con la experiencia fugaz y acumulativa de las webs que filtran sus colores para hacerlos (con nuestra manipulación directa —le damos al botón— y sin embargo indirecta —no tenemos poder sobre la elección de qué botones pueden hacer qué cosas—) más afines a la percepción de moda? ¿De quién son los cuerpos reales que salen en imágenes convertidas en realidad? ¿Qué les pasa cuando se apaga la cámara y se cierra la jornada de trabajo audiovisual? ¿Y antes: existían como cuerpos antes de ser grabados o eran individuos aislados interiormente? ¿Puede acabar con el solipsismo el tratamiento artístico o documental de los cuerpos? ¿Merece la pena? ¿Merece la pena pensar todo esto o es suficiente con salir a la calle a comienzos de una primavera tras el invierno más largo y que le dé a uno un poco el sol para integrarlo?

 

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