Entre el miedo y la esperanza

Entre el miedo y la esperanza ante el futuro. Las protestas activas por un mundo más justo, todavía minoritarias y con menos autocrítica y heterogeneidad de la deseable, crecen y seguirán creciendo mientras sigan apretando, y me emociona que ver que en todo Occidente son iguales. Me reconozco en las de Wall Street (que me han obligado a escribir este sencillo textito), en las de Chile, en las de Francia. La represión y la censura descarada, que por fin están a la vista de todos, también son similares; una de las grandes dudas de todo esto es: ¿cuánto de ambas puede aguantar una democracia y sobrevivir, incluso si es una semidemocracia occidental? Por fin toma fuerza aquello tan prometedor que se llamó “antiglobalización” hace 10 años y que consiguieron machacar… porque entonces internet no estaba tan extendido y ni había redes sociales ni todo el mundo llevaba una cámara encima. Décadas de conciencia de clase media y de educación pública (pese a sus muchísimas carencias) han dado el resultado de que el mangoneo excesivo y descarado tiene respuesta ciudadana, aunque sea escasa y tirando a simplista; aunque sea pasiva y silenciosa, potencial. Y digo clase media porque esto es una Guerra (¿es esta 4ª Guerra Mundial la primera Guerra postmoderna?) entre el neoliberalismo y la clase media, que quizá ya han ganado los primeros pero no conseguirán todo lo que quieren en los tratados de capitulación que estamos firmando, porque los segundos no están dispuestos a ceder tan fácilmente los privilegios (justos derechos conquistados) a los que están acostumbrados. Pero las oligarquías controlan los medios y las mayorías tienen anulado el sentido de la responsabilidad social, por lo que sigue estando en manos de los poderosos cambiar las cosas. La UE en conjunto, aunque hoy completamente vendida (como la clase media, que tampoco es inocente) a la destructiva ideología norteamericana, tiene fuerza suficiente para actuar de forma eficaz. Puede limitar el impacto de los paraísos fiscales y establecer impuestos a las transacciones financieras y a las grandes fortunas, arreglando así buena parte del problema. Porque, por mucho que repitan sus consignas, hay dinero de sobra para mantener el Estado del bienestar, sólo que en los últimos 30 años, y cada vez más, han permitido que se lo queden unos pocos. Mientras se arregla esto, si se arregla, quizá se puedan admitir algunos recortes como parte de esa capitulación para evitar males mayores, siempre que sean recortes que prioricen quitar lo irrelevante primero y, si no hay más remedio, lo importante al final; por desgracia, en general está ocurriendo lo contrario y, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid quitan y empeoran recursos de la educación pública mientras siguen despilfarrando dinero en publicidad para autobombo. Esperemos que entren en razón a tiempo y esto no termine derivando en revoluciones populares, que ya sabemos cómo terminan siempre. Miedo y esperanza ante el futuro. Miedo por si perdemos, esperanza porque es una oportunidad para salir del abismo y volver a unos mínimos de cordura y estabilidad. Por si acaso, yo sigo aprendiendo idiomas; y por si más acaso, técnicas de supervivencia.

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