Breves ejercicios de deconstrucción del giallo

Lo de Amer (2009) no es un espejismo o una casualidad. Sus directores, Hélène Cattet y Bruno Forzani, llevaban ya diez años definiendo y refinando su estilo en una serie de cortos. En ellos, deconstruyeron todo lo propio del giallo y experimentaron con el cine, con un detallismo sorprendente y un gran respeto por el sonido, la imagen filmada y la forma en que los cuerpos aparecen en una pantalla. Catharsis (2000) fue el primero, una sucesión de fotografías que muestran explícitamente unos asesinatos, a modo de pesadilla circular que se repite con variaciones.  En 2002 realizan Chambre jaune (la alusión al amarillo en el título no es que sea muy sutil, pero van mucho más allá del vulgar homenaje y crean un discurso propio), donde se conjugan de nuevo las fotografías con recursos narrativos y de iluminación directamente sacados de Argento y Bava. Es en 2003, con La fin de notre amour, cuando dan el verdadero salto de calidad. En este fascinante corto, montado también con imágenes estáticas, rompen el límite de los códigos italianos y los superan, para ir a parar a un surrealismo con algunos momentos incluso líricos que no desmerecerían en Le sang d’un poète de Cocteau.

Su afán experimental les lleva a realizar un año después L’étrange portrait de la dame en jaune, síntesis y reformulación original del cine italiano de asesino de mujeres. Es una curiosidad rodada (al menos en apariencia) en un único y retorcido plano, de lo más sugerente para el espectador atento. Lo he subido y podéis verlo aquí:

Por último, antes de Amer, rodaron Santos Palace (2006). Es un corto de acabado relativamente más convencional, tanto por la inclusión de diálogo como por abandonar los colores exagerados para pasar a una atmósfera más reconocible, habitual en los festivales de cortos. A pesar de esto, su sutileza y personalidad compositiva, su dominio de las texturas, están ahí, haciendo pasar unos 15 minutos de lo más interesantes. Después, condensaron en Amer todo lo que habían aprendido hasta aquí, alcanzando altos niveles de refinamiento. Santos Palace es, ante todo, la muestra de que Cattet y Forzani pueden reinventarse manteniéndose fieles a sí mismos, quizá el ejemplo de lo que podrían ofrecer en el futuro si abandonan la “esclavitud” de sentirse permanentemente en deuda con el cine de género italiano.

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