Inmigrantes, refugiados

Como consecuencia de las revueltas en Túnez y, sobre todo, de la Guerra en Libia, miles y miles de personas están huyendo de esos países en dirección a Europa. Europa, que ya hace tiempo que perdió el sentido de las palabras, los identifica como «inmigrantes». Vienen en barcazas, vienen del sur, son morenitos y quieren ayuda… no hay duda, son inmigrantes. Los conocemos bien. ¿Por qué se ha multiplicado su número en las últimas semanas? No sé, se habrá puesto de moda otra vez ir hacia el norte, ¿no? O es que se acerca el veranito y allí el sol pega muy fuerte.

Pero no son inmigrantes. Son refugiados. Refugiados de Guerra. De esos protegidos y santificados por nuestras organizaciones internacionales, tan caritativas -siempre que todo suceda fuera de nuestro territorio-. Ya no escapan solamente de la pobreza y de la miseria social, que por otro lado no sería tan difícil solucionar desde aquí, sino también del miedo a morir cualquier mañana por culpa de la Guerra y el caos.

La palabra «inmigrante», a pesar de la terrible realidad que probablemente está definiendo, nos connota a estas alturas indiferencia o hasta negatividad. Un inmigrante es algo común y permanente, algo que siempre existe porque percibimos sus sociedades como naturalmente inestables y subdesarrolladas (por otro lado, ¿no merecerían también muchos inmigrantes comunes el título de «refugiados»?). Pero un refugiado es consecuencia de una situación contingente y concreta. Con causas claras. En el caso de Libia, una Guerra, necesaria o no es otra cuestión, en la que todos nosotros estamos participando activamente. Al ocultar la palabra «refugiado» y sustituirla por «inmigrante» se oculta esa realidad. Se falsea. Se les despoja de su tragedia a aquellos a quienes se aplica y, por tanto, de su valor humano y de su dignidad.

La lógica es la siguiente. Nosotros os apoyamos a crear instituciones, a organizar un sistema político civilizado y no esa cosa tan antigüita que tenéis. Os mandamos algo de comida. Queremos que estéis bien. Queremos que tengáis un futuro, tan bonito como el nuestro. Pero ¿por qué venís a nuestros territorios? No, no, quedaos allí. Estamos en crisis, aquí no tenemos medios para vosotros («pero sí que tenéis medios para comprar armas y aviones de combate», responde un refugiado). Si os montamos un campamento, será con mínimos y sólo a modo de cola hacia la puerta de embarque. Os recibiremos con agrado, fronteras abiertas; dice el discurso oficial. Nos estáis molestando, estáis sucios y tenéis cara de mala gente, cerrad las fronteras; dice el discurso real. Os devolvemos a vuestros países. Os dejamos allí, el viaje es gratis, y si eso ya nos escribís una carta y nos contáis qué tal os va, si habéis tenido suerte, si habéis encontrado un trabajo, si vuestros hijos tienen una barra de pan para comer o vuestra mujer ha sido asesinada cuando ha ido a comprarla. En Túnez, buscaos la vida hasta que todo se arregle. En Libia, tened cuidado no os caiga encima una bomba o una caja con víveres de las que humanitariamente os enviamos.

Hace dos semanas, la Comisión Europea autorizó una partida extra de 30 millones para frenar la hemorragia migratoria de Túnez y Libia.

¿Cuántos millones harían falta para montar unos campamentos temporales adecuados y una red de integración social en estos nuestros santos territorios pacificados?

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Una respuesta a “Inmigrantes, refugiados

  1. Una de las mayores estupideces es tener que permanecer encerrado entre unas determinadas fronteras irreales creadas por el imaginario humano en función de tu lugar de nacimiento. Todos somos habitantes del planeta tierra, y expandiendo en el futuro el concepto, del universo.
    Los humanos actuamos como los Leones de la sabana, en manadas y defendiendo determinados territorios para que otros no entren en él. ¿Cuando dejaremos atrás estos fundamentos más próximos al actuar de los animales?.
    La trivialidad del concepto frontera y territorio, no produce más que este tipo de sufrimientos para quienes no tienen la trivial suerte de haber nacido en un territorio más “humano”. Buen artículo y muy bien explicado el concepto de refugiado frente al peyorativo de inmigrante.

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