Sidney Lumet (II)

Fail-Safe (Punto límite, 1964) – El reverso tenebroso de Dr. Strangelove. Partiendo de un argumento prácticamente idéntico, donde Kubrick cedía al humor cínico de un “ya estamos condenados”, casi un “nos lo merecemos”, Lumet planteaba una aventura semi-realista que daba miedo precisamente por su banalidad. La sátira del primero era desesperanzada; el tenso drama del segundo contiene el deseo de esperanza, pero muestra que hay pocos motivos para tenerla, así que cae igualmente en el pesimismo. Un mal sueño apasionante que evidencia que el presente y el futuro de la humanidad están en manos de unos pocos, igual de perdidos en la vida que nosotros, igual de fascinados por la técnica. ¿Es justo que otros tan imperfectos como nosotros tengan tanta más responsabilidad?

The hill (La colina, 1965) – Película básica en la obra de Lumet y en el cine antimilitarista en general. Todo sucede en una prisión militar disciplinaria, destinada a maltratar a los de tu propio bando. Así, queda claro que lo que mueve la violencia que se desata en las Guerras no es tanto el odio al enemigo, sino el odio al otro, entendido este en el sentido fundamental de “el que no soy yo”. O incluso el sadismo como algo inherente al ser humano, secretamente deseado por él y puesto en práctica inevitablemente si se dan las condiciones propicias. El tema tolera poca broma, reproducido en la pantalla por un estilo cortante y áspero. Lo que se ve es lo que hay. Nihil y agresividad egocéntrica y ciega, por desgracia.

The deadly affair (Llamada para un muerto, 1966) – Película de espías carne de análisis psicoanalítico. Como es habitual en Lumet, pone al mismo nivel el drama interior de las relaciones humanas que uno vive con la gran tragedia exterior de la humanidad, puesto que, si no son la misma cosa, al menos una se deriva siempre de la otra y viceversa. La familia como eterna alegoría, o reproducción en pequeñito, de la sociedad; y viceversa.

The Anderson tapes (Supergolpe en Manhattan, 1971) – Quizá la más política de las películas de robos. Aparecen todos los tópicos del género (ladrones de guante blanco, imprevistos que destruyen la concienzuda planificación, etc.), pero el trasfondo anclado en el contexto de la época le da otro regusto. Ese contexto es el de la lucha por los derechos civiles, anticipando el escándalo de COINTELPRO (que ya sería entonces un secreto a voces, excepto para los oscurantistas medios de comunicación) y sus persecuciones ilegales. Aunque lo principal sigue siendo la acción, el poderoso subtexto entronca más con la paranoia tecnológica de Los crímenes del Dr. Mabuse.

The offence (La ofensa, 1972) – Sean Connery desata sus demonios en algo que un crítico al uso se contentaría con llamar “oscuro drama policial”, con un personaje que mata a un asesino de niños cuando lo interroga… porque, en lo profundo de su psique, se ve reflejado en él. En realidad, una exploración de los instintos, del origen de la violencia, de la frustración generada por una sociedad que se autoconsidera hipercivilizada y, con ello, oprime y reprime hasta grados que no todos pueden soportar. El uso de la luz destaca todo esto, insiste en ello, y en esa insistencia se revela la potencia de las fuerzas sociales (y por tanto humanas) que hunden a los hombres.

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