Sidney Lumet (0)

Sí, se ha muerto Sidney Lumet. No es una de esas muertes vanas de viejas glorias, sino que era todavía un artista en activo, aún persistente y apasionado ensamblador de algunas de las películas americanas más interesantes de la última década. Un viejo lobo de mar que ya era tal cuando empezó su carrera, y que por eso nunca perdió la energía y el talento juvenil, entremezclado desde el principio con su experiencia, indisociable de su capacidad artesanal. Su mejor hagiografía es la contada por su propia obra, y por eso me animo a escribir en los próximos días un sintético recorrido por todas las películas de Lumet que he podido ver, riquísimas en contenido y que todavía tienen mucho que decirnos. Pero ahora mismo no puedo de dejar de decir unas palabras, a modo de lectura rápida en su funeral.

Cojo el micro y bajo el atril hasta mi altura. Sidney Lumet era, ante todo, un norteamericano. Pero uno de los buenos, de los que acumulan en su persona los valores más positivos de esa paradójica cultura. Ante todo, un insobornable espíritu crítico, con afán corrosivo, sacando a la luz las miserias de todos y agitándolas sin piedad para que cualquiera las vea. Para que cualquiera se reconozca en ellas. Porque, aunque sean miserias individuales, como tales siempre son simbólicas, y siempre son producto de nuestra civilización. Las personas, de cualquier tipo y rango, no somos más que víctimas del leviatán que es el mundo de la modernidad capitalista. Pero, precisamente porque somos víctimas, no nos merecemos un trato cruel, y el inglés que lleva dentro nos hace entrega de estos análisis amablemente, con guante de seda. Por supuesto forjado en hierro, y que no oculta los gusanos de podredumbre que a veces se escapan por las mangas y que a menudo incluso nos miran directamente desde la palma de la mano enguantada, y aun se regodean manteniéndonos esa mirada.

Pero, como estadounidense que no podía dejar de ser, la crítica la hace desde dentro. Con un eco de fe en la regeneración democrática, con un optimismo injustificado e irreal pero que subyace, precisamente como el motor que le obliga a seguir rodando. Su cine es apabullante, intenso, una locomotora fruto del progreso tanto técnico como moral. Un canto sincero al poder de la artesanía fílmica como medio de comunicación de masas, conjugado con la integridad artística y el aguijonazo ético. Cada plano tiene sentido para el conjunto. Entretenimiento clásico y vanguardia creativa al servicio de un mensaje por la libertad y la inteligencia. Eso es Sidney Lumet, su cine, que es él mismo.

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2 Respuestas a “Sidney Lumet (0)

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