La idea de Europa y la posibilidad de su salvación

Europa pinta ya poco en el mundo. Aún no es un cero a la izquierda, pero su decadencia es cada día más evidente, su realidad como súbdita provincia imperial muestra la patita por la puerta de nuestros propios hogares. Después de siglos de ser el ombligo del mundo, nos sentimos desorientados al ver que se nos mira con condescendencia o, como mucho, con el respeto con el que se mira a los abuelos que fueron mucho. ¿Podemos los europeos todavía hacer algo por la humanidad desde aquí, o sólo nos queda el exilio para intentarlo?

George Steiner, en una clarividente conferencia recogida en el librito La idea de Europa, al que todo el que esté leyendo esto debería de acercarse -se lee en una hora-, recorre lo que para él define, ha definido y ¿definirá? a nuestra civilización. Condensa cinco características distintivas:

1) Europa es tierra de cafés, lugares para el encuentro social y la confrontación racional y/o apasionada, dialéctica muy fructífera. Centros de resistencia intelectual y aun política, además de inspiradores de la creación artística. Algo muy diferente a la «ontología del pub anglosajón», pragmático en su esencia y en los resultados que de él salen.

2) «Europa es y ha sido paseada». Es una geografía, en última instancia, a escala humana. Y ese paisaje humanizable ha sido humanizado. Ninguna barrera física ha sido infranqueable, a diferencia de lo que ocurre en resto del planeta.

3) La presencia de la historia es constante: calles y plazas ocultan nombres de los individuos que destacaron en nuestra civilización. Las vías no son nombradas con números (como en América) o con palabras genéricas (como en Asia), sino en honor de aquellos que antes las pasearon, habitaron y explotaron al máximo. Individuos, como nosotros. Cuando uno es consciente de esto, también lo es de que cada rincón de Europa tiene al menos una historia. Se siente el peso de la responsabilidad con una larga tradición cultural, que puede ser muy inspirador conjugado en presente.

4) Según Steiner, la civilización europea es una mezcla (que no una imposible síntesis) entre Grecia y el judaísmo; todo lo demás son sólo pies de página. Heredamos irremediable el lenguaje helénico, y con él su comprensión del mundo; y la moral hebrea, apenas tamizada por el cristianismo.

5) La sensación de que Europa es un ente que va hacia un final, que llegará antes o después, de una manera o de otra. Y reflexiona sobre ello. Y lo representa a través del arte. Las dos guerras mundiales «llevaron este presentimiento al paroxismo», alcanzando cotas de inhumanidad nunca antes vistas en el mundo, precisamente en el centro de la humanidad. El ciclo del fin de Europa comenzó en Sarajevo en 1914, y se cerró en Sarajevo en 1995. Europa es desde entonces una moribunda, con pronósticos sobre su salud cada vez pesimistas.

¿Hay cura? Lo propio de Europa es el amor total por la idea en sí misma, el descubrimiento de que allí es donde se encuentra la humanidad. Los conocimientos y logros de otras culturas carecen, para Steiner, «del pensamiento especulativo desinteresado a la luz de unas posibilidades infinitas». La crítica de la razón es permisible y hasta necesaria, pero incluso los más destacados irracionalistas terminan haciéndola desde la misma razón. Steiner admite que es posible y hasta probable que estemos ante los últimos estertores de la idea de Europa, que sucumbe ante la norteamericanización. Para soportar culturalmente la monotonía imperial, propone recuperar la diversidad cultural de cada pequeña parte de Europa, en parte como metáfora de la idea regulativa de la civilización europea que es «la sacralidad del detalle mínimo». O lo que es lo mismo: luchar por el matiz puede cambiar el curso de la historia.

«En un mundo asolado ahora por un fundamentalismo criminal, ya sea el del sur o el medio oeste americano, ya el del islam, Europa occidental tiene tal vez el imperioso privilegio de elaborar y llevar a efecto un humanismo secular», pero para ello debe «purgarse de su propia herencia oscura haciendo frente a esa herencia con perseverancia». En otras palabras: la memoria de las víctimas (¡siempre Walter Benjamin!) es la mejor opción para que Europa, y a partir de ella tal vez el mundo, consiga acercarse a la dignidad que en potencia hay en ser humano. Y sólo puede desarrollarse en el mismo seno de Europa, evitando la «fuga de cerebros» hacia la metrópoli imperial o los futuribles “países emergentes”. Europa debe valorar su pasado, calibrar su peso y posibilidades en el presente, y proyectarlo como fuerza motora hacia el futuro. La visión de Steiner peca de eurocéntrica y, paradójicamente, de popular y de elitista, pero es increíblemente consoladora y motivadora para los que, como yo, nos sentimos perdidos en nuestra propia civilización y ansiamos una mínima solidez identitaria y humanista.

5 Respuestas a “La idea de Europa y la posibilidad de su salvación

  1. “una mínima solidez identitaria y humanista” a mí esto me suena rana.
    Curiosamente lo que no vamos a tener es solidez, sino mucho de todo, de manera que cuando llega el sólido por antonomasia nos devora.
    Y es que el problema reside no en los productores de lo humanista, sino en sus consumidores, que han aprendido que la variedad no es algo bueno, a la cantidad y demasía unidireccionales provenientes de otros lugares.
    Como saben muy bien los antropólogos en cuanto a culturas se refieren, el pez grande se come a muchos peces de colores chicos.

  2. Hombre, yo creo que la identidad sólida es precisamente la causante de las grandes atrocidades de la historia (el nacionalismo y el antisemitismo son los ejemplos más claros), a Amartya Sen me remito. La variedad de identidades es lo más parecido a un seguro contra la barbarie que tenemos… pero la identidad completamente volátil es otro gran problema (más individual que social). Por eso creo en unos mínimos de solidez identitaria, para poder sentirse uno mismo y parte de algo.

    Y lo de los consumidores es uno de los grandes problemas, y para eso la única solución es la educación. En todo caso, como te he dicho en otro sitio, Steiner viene a exculpar tanto a intelectuales y artistas como al pueblo llano, acusando al poder político de desgraciarlo todo.

    Y Steiner no es nada optimista, al contrario. Pero propone algunas cosas para dejar un mínimo de esperanza, y desde la humildad, admitiendo su incapacidad como humanista en un mundo regido por la economía.

  3. Estamos en una encrucijada. Hay toda una interpretación europea, evidente pero no desdeñable, que la interpreta como emulación de la Roma clásica. Desde Camelot hasta la Roma Papal, desde Carlomagno hasta Napoleón, pasando por la fundación de la UE. Es Europa y no Estados Unidos la que ha vivido obsesinada por Roma y su pax romana. Pero esto se ha ido desdibujando en el proyecto difuso de laUE, por su propia impotencia.

    Estados Unidos, como esqueje bastardo de la Europa insular, norteña, anglosajona, ha heredado mucho de netamente romano e imperial, como el pragmatismo, pero es una sociedad demasiado ensimismada como para aspirar no a ser una Nueva Roma (fundada en nuevos principios y aspiraciones bastardas, sincréticas), sino a buscar tan tercamente un ideal de lo que los europeos soñaban que era Roma.

    Me resulta muy interesante el debate sobre la idea de Europa ahora que el sueño europeista sufre de anemia por el propio fracaso y la falta de voluntad de ser.

  4. Joer nein, cada dia te pareces mas a la focanazi esa que tenías jaujauajua

    Dejando de lado la Europa de Von Trier (hombre desarraigado que va a lugares extraños, donde encuentra situaciones extrañas) está claro que una unión tan grande y heterogenea acabará estallando por algún lado sino está quebrada ya. Como EEUU, cada uno es de su madre y de su padre, una parte del continente no tiene nada que ver con la otra; la diferencia es que Europa es vieja y observa con horror como su hijo se la come culturalmente.

    No creo que haya existido nunca una solidez identitaria, solo la idea de ella y una industria cultural que la difundia. La identidad es devenir y solo en situaciones de precariedad absolutas devenimos de un mismo modo; las tragedias unen amiguitos, la prosperidad separa. Suena triste pero en el sistema actual yo diría que es así como funciona.

    Borja, me había asustado porque creía que hablabas de Steiner el del Waldorf no de este que me era desconocido.

  5. Solidez identitaria más fuerte que el miedo al abismo, a la barbarie y a la entropía, no hay. Europa es diversa, pero el sueño europeo puede ser uno. Siempre he pensado que es extraño tras décadas de proyecto europeo, el absoluto desconocimiento mutuo (historias y literaturas): Si quieren crear Unión, lo primero es crear ciudadanía, si hay que crear ciudadanía, lo primero es conocerse mutuamente, aunque sean unas pinceladas basadas en tópicos culturales: En los planes de estudio está la batalla para crear europeos, si es que tal cosa no existe más que como una difusa voluntad de amarrarse todos al madero del naufragio.

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