Arrebato antirrelativista

Que el multiculturalismo es progresista, entendiendo “progresista” en sentido positivo y liberador, es una peligrosa falacia de nuestra época. El multiculturalismo lleva, casi inevitablemente, al relativismo; y en el relativismo está el germen de la mayoría de los problemas contemporáneos, desde el capitalismo salvaje al vacío vital hacia el que deriva el hedonismo cuando se acaba la posibilidad de disfrutar del dichoso “vive el momento”, asuntos que tienden a desembocar, como sucedió en la primera mitad del siglo XX, en múltiples caras del siempre mutante fascismo. El mismo constructivismo (sinónimo de relativismo) ve dogmáticas y retrógradas este tipo de afirmaciones, porque las malinterpreta. Estar en contra de un relativismo radical no implica ser un hijo de la COPE ni un reaccionario, sino, al contrario, luchar para que nadie pueda imponer sus creencias sobre los demás. Porque, en el fondo, la única explicación viable del relativismo es la que diría: todas las visiones del mundo son válidas, pero hay algunas más válidas que otras… precisamente las relativistas. En esta contradicción se autodestruye esta ideología, ya que, si tiene razón, entonces deja de tenerla. Estar en contra de un relativismo radical es estar en contra de que alguien pueda imponer CUALQUIER creencia. No es oponerse a la diversidad, ¡faltaría más!, sino simplemente buscar y aceptar unos mínimos universales que permitan la dignidad humana. El postmodernismo puede responder diciendo que todo son constructos sociales, pero ¿no es mejor aceptar ciertos constructos que garanticen que no va a venir el vecino a cortarte los genitales porque le parece bien, o que unos banqueros negocien con tu vida porque consideran que son más personas que tú porque tienen más dinero? No hay que confundir el ser capaz de distinguir los constructos sociales, que como todo conocimiento es bueno y efectivamente liberador, con considerar que, como no tienen base objetiva, son por definición innecesarios y negativos y coercitivos.

Esto venía a modo de pequeña glosa de un par de los párrafos finales de un libro de Paul Boghossian, El miedo al conocimiento: contra el relativismo y el constructivismo, que encajo aquí:

En Estados Unidos, las concepciones constructivistas del conocimiento están estrechamente ligadas a movimientos progresistas, como el poscolonialismo y el multiculturalismo, porque parecen dotar a las culturas oprimidas de herramientas que necesitan para defenderse de la acusación de abrigar opiniones falsas o injustificadas.

Pero resulta difícil comprender, incluso desde una perspectiva estrictamente política, cómo alguien ha podido llegar a concebir la idea de que ésta es una buena aplicación del constructivismo social: pues si los poderosos no pueden criticar a los oprimidos porque las categorías epistemológicas básicas están inexorablemente vinculadas a perspectivas particulares, entonces se sigue que tampoco los oprimidos podrán criticar a los poderosos. La única manera de evitar este desenlace fuertemente conservador sería propugnar abiertamente la utilización de un doble criterio; es decir, permitir la crítica de una idea cuestionable cuando ésta fuera sostenida por quienes ostentan el poder, pero no cuando fuera sostenida por los oprimidos.

Y esto último es un truco insostenible y, de nuevo, por su doble moral, peligroso.

3 Respuestas a “Arrebato antirrelativista

  1. ja ja ja muy bueno… no sé, como todo son palabras… hace algún tiempo discutiamos sobre “tolerancia y respeto” el grupo estabamos de acuerdo en que respeto era una palabra guay pero que tiolerancia había pasado a ser “tú dame por culo que todo bien”… Creo que lo mismo ha pasado con relativismo, construccionismo y postmoderno. No todo vale, no todo es relativo (o sí pero si no me centro en algunos absolutos acabaría en un psiquiatrico)… Para lo del multiculturalismo está Todorov y su miedo a los barbaros o el Slavoj Žižek con su Defensa de la Intolerancia, o Rusdie a secas… cada dia estoy más segura de que en esencia todos nos acabamos rayando con lo mismo y eso no es solo fruto de la era de la información.

  2. Pues sí, muchos pensamos en las mismas cosas, lo que es buena señal porque no son pensamientos ociosos sino problemas reales… Eso sí, no creo que sean todo palabras, son conceptos pero el objetivo es que funcionen como medios para entender y mejorar la realidad. Ahí está, creo, el gran problema de la posmodernidad, que se centra en el lenguaje y se olvida de las cosas que señala.

  3. No decía que todos ean palabras sino que a menudo la ciencia se apropia de unas palabras y cree que todo el mundo las domina y basa sus analisis en los constructos que ella misma a creado olvidandose de la gente que las usa… metalenguaje=mierda

    Como tú has dicho se centra en el lenguaje y se olvida de las “cosas” que señala.
    Un sujetador para sujetar a los sujetos,
    querido Ibañez

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