La lógica del poder a veces también es lógica

En mi adolescencia me atracaban muchas veces. No porque tuviera pintas de especialmente pringado, que en parte es posible, sino sobre todo porque el barrio por el que se salía de fiesta a esa edad tenía su equipo privado de vigilantes, el cual se ocupaba de robarte las 500 pesetas de la entrada de la disco light cada sábado por la tarde, o las del San Francisco o el kalimotxo si la noche ya era tal y tenía intención de hacer uso de ella. Hace un rato me han intentado atracar con los mismos métodos de entonces, y me he mostrado igual de incapaz que cuando no tenía barba. Suelo tener respuesta para todo, pero en estos casos me retrotraigo a una edad mental de 9 años. Por lo menos ahora, diez años después, no he visto como real la posibilidad de que me quitaran algo. Haber ganado en recursos y en seguridad en mí mismo (que no en aplomo) podría haberme llevado a conclusiones demasiado optimistas, aunque esta vez he acertado.

Me animo a contarlo porque me ha sorprendido la lógica despiadada con la que los tradicionales gitanitos treceañeros iban desmontando cada una de mis excusas. Dime la hora. Intento decirla de memoria, pero al final saco el iPod Touch para consultarla en lugar del móvil rasposo. Su mirada lasciva sobre el bicho me dice: primer error. Sigo andando, me siguen. Voy escuchando música y vuelven a acercarse para pedirme el clásico euro para llamar. Yo empiezo a contestar ¡sin quitarme los auriculares!, lo que por supuesto me hacen notar interrumpiendo mi respuesta. Y, joder, tienen razón, me estaba comportando como un maleducado. No tengo ese euro, vengo de clase y me lo he gastado todo comiendo; bueno, seguro que algo de cambio tienes, que nunca se paga con el dinero justo. Estoy leyendo entre líneas y leo la verdad: hola, somos mucho más listos que tú. Estamos parados en un semáforo, esa réplica ha sido una carga de profundidad y no hay escape si la cosa se pone fea. Y la cosa dialogística se pone peor para mí. Me preguntan sobre lo que estoy escuchando, «puesss ehhh unnn ahhh esooo disc-esta semaaana yyy», «primo, haz frases con sentido». Otra. No tenía motivos objetivos para ponerme nervioso, estaban siendo amables. La situación se complica cuando me piden el teléfono para hacer una llamada, y sus razonamientos liquidan mi batería de excusas: que no tengo saldo, ¿qué tarjeta es primo?, eeehhh Orange, ah pues de Orange a Orange no hace falta tener saldo, yaa peerooo, que sí que es gratis, no no eso no es así, que sí que es a cobro revertido. «Ehh ees queee no… y…», es toda mi respuesta final. ¿Dónde queda mi capacidad argumentativa? ¡Vencida! Sus argumentos son válidos, no puedo saber si son falsos. ¿Adónde vas?, a mi casa, ¿dónde está?, lejos. Todo mentiras sin conexión lógica. Quedo en evidencia, ante ellos y ante mí. He perdido en mi terreno. Sólo me quedaba andar más rápido y serpentear hasta llegar a una calle principal. Me pisan los talones y al final desisten. No han utilizado la violencia, sólo la razón, y han sido tan buenos en ello que ni siquiera han ejercido los derechos ganados con su triunfo dialéctico. Eso es saber ganar. Han ganado, lo saben, lo sé, adiós.

4 Respuestas a “La lógica del poder a veces también es lógica

  1. Excelente crónica de los abismos cotidianos que se nos abren de cuando en cuando. El consenso del civismo imperante en nuestra sociedad está claro que es facilmente manipulable a favor de unos cuantos que se pasan esto por el forro de los cojones. A mí esto siempre me recuerda a la película “Demolition Man” donde un hombre viene de otro tiempo y distorsiona toda la sociedad en la que aparece. Dentro de nuestra sociedad conviven otras dimensiones que cuando interfieren con la nuestra la malean y modifican a su antojo con facilidad pasmosa…

    Y poniéndome prosaico, dicen que en Nueva York detectaron un escalofriante aumento de robos para descubrir que un elevadísimo porcentaje eran robos de ipods !!!

  2. Abismos cotidianos, eso es… La cosa es que es difícil comunicarse con alguien que tiene una concepción de la sociedad tan diferente, por eso el juego que decía de la lógica, que es la misma y a la vez la contraria.

  3. jajajaja me ha encantado leer esta poesía cotidiana.

    Si te ganaron fue porque han tenido más luchas dialecticas de esa clase que tú!
    yo una vez (y solo una) gané una de esas luchas: un yonko me paró en el descampado que iba a mi casa me pidió pasta y le dije que si tuviera pasta como iba a ir una chica tan desvalida como yo por esos lares a esas horas de la noche, se quedó un poco pillado y me pidió fuego, le di el mechero y a la que seguía andando se me ocurrió pedirselo de vuelta; me lo dió dandome las gracias y deseandome buenas noches! Algunas veces son entrañables…

  4. Sergio es especialista en esas situaciones, y se creía invulnerable hasta que un día, precisamente porque hablábamos lenguajes diferentes, le rompieron las gafas…

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