El anacronismo de la izquierda

La sociedad ha cambiado mucho, mucho en las últimas décadas. Podría resumirse diciendo que ha perdido, o cree haber perdido, la inocencia. En este mundo parece que la izquierda ya no tiene lugar, y es lugar común hablar de su desorientación. Pero, yendo a la raíz, ¿es siquiera posible seguir hablando de izquierda y derecha? Y si siguen existiendo, ¿es conveniente que conserven esas denominaciones?

La izquierda presuntamente auténtica es la de base. Son pocos pero convencidos. El problema es que, para funcionar y ser eficaces, necesitan ser muchos. ¿Cómo convencer al resto de la sociedad de que sus propuestas son no sólo deseables sino incluso viables? Lo intentan, si es que lo intentan, de una forma anacrónica, utilizando un vocabulario decimonónico o beligerante que no responde a la realidad contemporánea. Es probable que el mundo siga siendo divisible, a grandes rasgos, entre proletariado y burguesía. Sin embargo, sin conciencia de clase, algo inexistente y muy improbable hoy, estos términos están muertos y no apelan a nadie. Y si nadie se siente incluido en esos discursos, son inútiles. El proletariado de hoy no sería sólo el que ocupa las fábricas, sino que la clase dominada incluiría a una hedonista clase media. De la misma forma, la burguesía ya no es el patrón, el cual hoy está explotado y sobre todo alienado como el que más; la clase dominante se encuentra en las torres más altas del sistema financiero global. La sociedad actual no es política ni histórica (o sí lo es pero no cree serlo), sino económica. El discurso proselitista tendría que ser claro y material, alejado de todo idealismo y consigna. Si se quiere convencer a alguien de que es necesario movilizarse o hacer algo, hay que exponerle con unos mínimos retóricos cómo le afectan y le afectarán unos hechos concretos. No vale decir: «la crisis que la paguen los ricos» o «abajo el capital». Hay que decir:  «amigo, te van a bajar el sueldo tanto, y planean hacerlo más aún, y si te despiden cobrarás mucho menos y esto probablemente va a ir a peor», o «date una vuelta por la educación y la sanidad públicas y saborea con tu propio paladar el principio del fin», «o algún día te acordarás de esto cuando tú o tus hijos viváis sin ninguna seguridad». Además, habría que abandonar los radicalismos. Se podrían plantear como objetivo, pero las propuestas prácticas deben ser moderadas, realistas y pacientes. Si se aspira a un futuro mejor, para llegar a él no se puede cambiar un presente inventado, sino que hay que trabajar con el que tenemos.

Quizá la mayor contradicción de la izquierda con la sociedad actual es que mientras la primera basa su fuerza y sentido en la unidad y en el grupo, la segunda está atomizada y dispersa. Y el problema de fondo es aún mayor, porque es moral, una moral que ha calado profundamente en las últimas décadas y sigue haciéndolo: y es que no puede haber una unión firme porque el egoísmo es absoluto, sólo interesa lo que tiene que ver con uno. Cuando alguien vota en este país no lo hace pensando en lo que es mejor para todos, sino en lo que es mejor para él; no se entiende, y es probable que nunca se comprenda, que lo mejor para todos es, al final, lo mejor para cada uno. Así, ¿cómo convencer a un oficinista de que tiene que sublevarse contra el capital y contra el patrón? El oficinista tiene bastante con su cubículo, y encuentra igualmente fantasioso ese discurso izquierdoso y las ficciones de cualquier serie de televisión. Sencillamente, pertenece a un mundo que no es el suyo.

A pesar de todo esto, la izquierda auténtica sigue hablando como si Marx estuviera mirando y poniendo positivos a su buen comportamiento. Donde más se dejan ver es en carteles por las calles y en las manifestaciones. Los primeros forman parte de un paisaje corriente y nadie, aparte de los convencidos, les presta atención. ¿Acaso podría ser de otro modo? En las segundas, al menos se suelen distribuir panfletos con las ideas algo más desarrolladas. Estos papeles pueden ser útiles como información, pueden llegar a interesar al ciudadano medio. Pero el interés se queda ahí, y se olvida cuando se llega a casa y el panfleto acaba al lado del 20 Minutos y a la mañana siguiente en la basura. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque no ofrecen soluciones creíbles y prácticas. No le dicen al ciudadano: «puedes hacer esto y lo otro», algo concreto. No le dicen: «una alternativa mejor, más humana, posible y viable es la siguiente y se puede conseguir de esta y esta manera». Lo descorazonador es que, aunque esto se exponga así, hablando en el lenguaje utilitarista y pragmático que entiende hoy la sociedad y con el que se identifica a una política deshumanizada, no funciona. La apatía y el conformismo político están demasiado incrustados en los ciudadanos, que se sumen en un triste cinismo al confundir el desencanto con la sensación de incapacidad para cambiar nada. ¡Pero es que sí que existe esa capacidad! ¡Aunque sólo sea ejerciendo el voto! Entonces, los esfuerzos para convencer tendrían que ir centrados en este objetivo: que se cambie el voto. Explicar con insistencia por qué hay que cambiarlo, y después decir hacia dónde es mejor para todos, incluido tú, cambiarlo. Se podría convencer a mucha gente así, pero lamentablemente siempre seguirían siendo insuficientes. Porque, primero, la sociedad ha cambiado y es prácticamente imposible una movilización ciudadana que cambie las cosas, y aunque se consiguiera de poco serviría si no sucediera en más lugares a la vez porque el mundo ahora es global y absolutamente internacional e interrelacionado; y segundo, y llego a lo que había que decir, seguiría apelando en el fondo (y seguramente en la forma) sólo a la izquierda. Un concepto anacrónico o, al menos, excluyente, lo que es peor. El verdadero cambio social, ya sea profundo o suficiente, sólo podría llegar si todos pudieran sentirse identificados con él, y si sólo lo realiza y propone la autodenominada izquierda deja sin espacio, al menos en este país tan radical e irreversiblemente polarizado, a gran parte de la población. No sólo a la derecha, como es obvio, sino también a esa mayoría que se considera “apolítica” y a la que “izquierda” le suena a “aburriiiiiidoooo” y antiguo, como de padres y de la época de Franco y de la Guerra Civil. Por eso, para lograr la unión y movilización potente y efectiva, habría que desterrar el término “izquierda”, olvidar la pertenencia a un grupo y apelar a todos por igual. Olvidar las consignas y mostrar y explicar hechos, si es con ejemplos claros y hasta con hilo argumental mejor. Todo esto sonaría de un utópico subido si creyera en ello, y no creo. En lo que sí que creo es en que, si se hiciera de forma incluyente, calaría a más personas, y a cuantas más personas calara más posibilidades habría de que calara a otras, y así sucesiva o suficientemente.

Un ejemplo práctico: la Huelga General del 29-S. Sin valoraciones políticas, sólo (con perdón) sociológicas. ¿Quién la hizo? Los que siguen viviendo en condiciones similares a las que movieron a la izquierda cuando esta se movía: en esencia, la industria. Pero si antes su peso (cantidad y/o calidad) era enorme, ahora este “proletariado puro” representa un porcentaje relativamente pequeño del conjunto de los trabajadores. El sector servicios, la mayoritaria clase media, asiste indiferente a las proclamas sindicalistas porque no se siente parte de ellas. Está con la cabeza en otra parte. Los pocos jóvenes que había eran los ya politizados y ganados de antemano; los demás, la gran mayoría, estarían buscando alguna oferta de vuelo low-cost o planificando las fiestas del fin de semana o contando las hazañas del anterior o, como mucho, trabajando en algo que ni les va ni les viene o estudiando de aquella manera. Esta gran parte de la juventud forma parte de esta clase media a la que le parece que eso del “trabajo”, el “capital”, la “explotación”, etc., es de otra gente, de la gente de los barrios; lo suyo es pagar un alquiler, comprarse una cámara nueva, usar el Facebook, leer un best-seller. Disocia el trabajo de su vida; la clase media no se siente trabajadora, sino burguesa. Por eso, a pesar de que sí es clase trabajadora (y dominada) no se moviliza y es explotada con una facilidad pasmosa, poco a poco va tragando porque no va con ellos, hasta que sea demasiado tarde cuando, dentro de 30 o 40 años, apenas queden las migajas del Estado del Bienestar. No actúan porque están convencidos de que la vida ya no es como era antes y de que las cosas no pueden cambiar demasiado, que por mucha crisis que haya el estilo de vida moderno de comodidad en Occidente está estabilizado y más o menos garantizado. La clase trabajadora se ha metamorfoseado en una clase con ínfulas que ha olvidado la historia o que, sin saberlo, ha comprado el discurso falaz y peligrosísimo del Fin de la Historia. A lo que iba: los trabajadores de los servicios no hicieron huelga porque era un suceso de otro mundo. No era asunto suyo, ni en el espacio -eso es cosa de los obreros y de los pobres, si es que es de alguien- ni en el tiempo -qué antiguo es todo esto, no merece la pena intentar cambiar nada porque en el futuro vamos a seguir viviendo más o menos bien-. En lugar de manifestarse por unos derechos que ahora apenas están comenzando a recortarse, esputan argumentos (excusas) cómodos por las redes sociales o con una caña en un bar, el más dañino de los cuales es aquel de «no hago huelga para joder a los sindicatos». Lo más duro es que la culpa no es sólo suya, sino de la misma izquierda, que no se esfuerza en incluirlos ni en actualizar su discurso, o no sabe hacerlo. Hay que ponerse en el lugar de uno de estos pseudo-burgueses que son mayoría: ¿cómo va a unirse a algo que es abiertamente político cuando él es apolítico, cómo puede colaborar con algo que se declara de izquierdas si él es apolítico? ¿Para qué hacer huelga o manifestarme o participar políticamente en la sociedad civil si, realmente, no me falta de nada? Y aun así, si me llegara a faltar, está el colchón del Estado o el de la familia. Pero lo que hay que hacer entender es que lo que está en juego es precisamente la existencia de ese colchón.

Cuando voy a una manifestación y veo banderas con la hoz y el martillo se me revuelve el estómago, no veo gran diferencia con llevar una esvástica. La hoz y el martillo no representan al comunismo -sistema(s), por otro lado, interesante en algunos aspectos pero hoy por hoy anacrónico, al menos en sus postulados y métodos tradicionales; dejémoslo en que estoy fundamentalmente de acuerdo con el análisis marxista pero no con su praxis-, sino al stalinismo, que no sólo no era la izquierda sino que era la traición más cruel a la misma, ya que se hacía pasar por ella y acabó con casi toda su capacidad ilusionante. ¿Cómo va a gustarle a un pseudo-burgués unirse a una manifestación en la que algunos celebran un sistema genocida, inhumano y vejestorio? La bandera republicana, si bien es un caso diferente -cualquier demócrata informado debería sentirse identificado al menos por el intento que se hizo de establecer el concepto de ciudadano, con la justicia social que le acompaña-, transmite la desagradable sensación de que no viene a cuento, y así suele ser. Produce rechazo en la mayoría moderada y “apolítica”. Y no hace falta irse a estos extremos: la proliferación de banderitas de los sindicatos puede echar para atrás a muchos, que sienten -con buenas razones- que las reivindicaciones no les incluyen a ellos, sino sólo a los que se siente representados por esas vacuas y caras banderitas. Y que sus protestas no son sinceras y con aspiraciones generales, sino interesadas y propias de unas siglas llevadas con orgullo, como si de un partido político se tratase, mientras se olvida la denuncia y la propuesta concreta. Parece que la huelga sea ante todo a favor de mi organización y no en contra de una política injusta. La alternativa es reformular y modernizar este discurso, olvidándose del término “izquierda” (nunca del de “derecha”, que ejemplifica perfectamente lo anti-deseable y que, por desgracia, tiene un discurso mucho más efectivo y universal, al apelar a los sentimientos y no a la razón en esta época de irracionalismo) y pensando en la ciudadanía en conjunto, ¡en todos, incluidos los jefes! Que haya un diálogo y no un monólogo, que las propuestas sean realistas y permitan mantener el modo de vida que esa clase media con ínfulas lleva, pero que sean a la vez socialmente justas y con perspectivas de futuro. Con promesas factibles y fáciles («sólo tienes que votar» o «vente hoy con nosotros») que permitan empezar a recorrer un camino que seguirá estando asfaltado y con un destino desconocido pero constantemente adaptable y mejor para todos.

8 Respuestas a “El anacronismo de la izquierda

  1. Amigo, hace falta más gente como tú. Es lo mejor que he leído (y aun escuchado) en estos meses de siembra de dudas y mentiras. Enhorabuena y gracias.

  2. Buen artículo, pero impreciso.
    Hay varios factores a tener en cuenta.
    Como tu bien dices el vocabulario y el rodillo propagandístico de la izquierda ha quedado anclado en viejos enemigos y discursos, en viejas teorías y desde luego en una maquinaria bastante obsoleta.
    Los principios del Marxismo podrían ser perfectamente aplicables hoy en día, puesto que el capitalismo sigue hoy tan vigente como en su momento se alzaba y crecía.
    El problema en la izquierda es principalmente el dogmatismo. Los dogmas de fe inapelables que mantienen alejados a comunistas de socialistas de clases medias altas y de anarquistas (que ni siquiera tienen porqué ver nada con izquierda, pero este es otro tema a debate).
    La izquierda es como un gran ejército imperial romano, estático, firme e incapaz de adatarse a los nuevos tiempos, la derecha es flexible, capaz de renunciar a principios que creíamos eran la base de su ideología y lo hacen a conveniencia, se adaptan, devoran y alienan.
    ¿Hay que seguir hablando de derechas e izquierdas?
    Hay que seguir hablando de dos bandos, el de los directores del juego y el de los que buscan cambiar las reglas para convertirlo en un juego completamente distinto.
    Pidiendo disculpas por calificar de juego el sistema político-social-económico en el que se basa TODO, continúo:
    La batalla está perdida, un cambio en el mensaje es, como los Borgs decían, “una resistencia futil”.
    El sistema dominante y claro vencedor, controla medios de comunicación, el dinero y el poder y lo manejan a su antojo.
    Actualizaciones de mensaje es una medida igual de anacrónica que el actual método de difusión que se usa en la izquierda.
    Se ha vivido demasiado tiempo intentando proteger el tarro de las esencias de la filosofía política de izquierdas.
    Y cuando gobernantes supuestamente de izquierdas muestran una total inoperancia en el sistema actual y siguen jugando…bueno, pasa lo que pasa, que las opciones más restrictivas, fascistas, neocons, derechistas, católicos conservadores y fanáticos, convencen a los más débiles de la cadena de que ellos son el verdadero salvador del pueblo, la gente que está con los trabajadores, la gente que se preocupa por el movimiento social.
    Esto solo es una lucha mediática y esta lucha, está perdida desde el momento en que se cedió el timón de la educación, del camino de lo correcto, cuando se ideó el culto al sistema como medio salvador y generador de un ficticio bienestar.
    El sistema es invencible porque ni siquiera tiene a nadie que lo desafíe.
    La izquierda actual es una especie endémica, porque no han sabido, ya no adaptarse a los nuevos tiempos, sino influir en ellos de forma que tuviera alguna posibilidad de lucha.
    Tu mensaje es romántico y muestra quien eres, y los dioses del Caos saben que te quiero por ello, pero no deja de resultar…bueno, como un último intento romántico de lucha. Sé que es un poco redundante.
    No te confundas, tenemos lo que nos merecemos y en nuestra mano está cambiarlo, pero no se cambia convenciendo a nadie, se cambia enseñando a la gente a pensar por sí misma.
    La única esperanza de salvación (si, salvación) es enseñar a pensar y no tengo ni idea de como podemos lograr eso ahora mismo… tal vez con un par de Ak47, unos ideales y una guerra no convencional, secreta y suicida como la de tantos grupos hoy criminalizados pero que en su momento fueron los únicos que se enfrentaron a dictadores y opresores de tomo y lomo…pero no hay forma de ganar la batalla de la (DES)información. A no ser que Polanco resucite y nos entregue sus editoriales…

  3. Yo quería decir tantas cosas pero al final mire prefiero ponerle la letra de esta canción de McCarthy (No se pierdan el cover de MSP) que resume un poco lo que quería decir:

    We are all Bourgeois now

    There’s something wrong somewhere here
    So through unclean streets I made my way
    With holes in my shoes and my children asleep at my feet
    I paid my way

    In every town on the way
    The people looked grey the buildings looked healthy
    But one day I met a man
    With money to spare
    He said he would tell me how it is

    The State he began
    Has been propping up people to long
    For far to long
    We all got lazy and couldn’t be bothered
    To make our way through the world

    But we are all bourgeois now
    Once there was class war
    But not any longer
    Because baby we are all bourgeois now
    So go out and make your way in the world
    We’re free to choose
    We’re all free to choose
    We’re all free to choose
    We’re free to choose

    In Booming Britain we all work together
    To raise ourselves in the world
    Each of us knows someone
    Who has done well for themselves
    So well for themselves
    “Thank you,” I said as I left
    I’ll be on my way, I see how it is

    We are all bourgeois now
    And somehow I’ll raise myself through the world
    I’m free to choose
    We’re all free to choose
    We’re all free to choose
    I’m free to choose

    We’re all bourgeois now
    We’re all bourgeois now
    We’re bourgeois now

  4. David: Nada, hombre, muchas gracias a ti, exagerao… ¡lo que hace falta es más gente que piense por sí misma y en los demás!

    Novic: Creo que uno de los cambios que pueden beneficiar a la “clase dominada” actual es que precisamente ahora hay huecos en el sistema, como internet o la libertad de expresión y de hacer lo que a uno le venga en gana, y son vías que se podrían llegar a aprovechar mucho más. El problema, como dices, es por supuesto la educación. No lo digo abiertamente en el texto, pero vamos, está (junto a la historia) en la base de todos los problemas… Y como bien dices no es algo que pueda cambiarse de la noche a la mañana, por eso creo que no hay que plantear la mejora social en términos de “revolución” que son anacrónicos tanto en sí mismos como en su contenido, sino en términos de propuestas realistas y viables, que se adapten a lo que hoy por hoy la mayoría puede o está dispuesta a hacer. Como, por poner el ejemplo más básico, el voto. Creo que para que el camino sea sólido y viable (y para conseguirlo debería ser mayoritario, mejor si es muy muy mayoritario) el punto de partida tiene que ser moderado. Poco a poco, por eso hablo de paciencia, ir introduciendo mejoras en la educación para asegurar los cimientos y el futuro, y todo eso está en enseñar a pensar por uno mismo y en los demás. No creo ser romántico como dices, más bien al contrario; soy radicalmente antiutópico (no veo la utopía como algo posible ni deseable), pero sí pienso que hay un margen al menos de mínimos para mejorar las cosas y la justicia social. Y ningún discurso actual en Occidente, menos aún en un país como el nuestro, es capaz de explicar esto ni de, por supuesto, unir a personas dispares en beneficio del bien común (que es, en mi opinión, la garantía de los mínimos vitales y de la máxima libertad posible). Precisamente eso que mencionas de “tenemos lo que nos merecemos” es lo que permite un poco de esperanza.

    Paolo: La línea entre serlo y creer serlo es fina, pero si queremos seguir siéndolo (o creyendo serlo) el rumbo de esta decadencia tendría que cambiar aunque fuera un poco… (y viva McCarthy) (el grupo)

  5. Hola! Muy interesantes tus reflexiones. Y también muy parecidas a las mías de hace unos años, de cuando decidi entrar en IU porque a) queria cambier “desde dentro” estas cosas mejorables, sobre todo a nivel comunicativo, que tú señalas y b) porque en aquel momento se presentó a coordadora de EUPV una persona en la que creía (y creo) y quería ayudarla. Creo que a la hora de cambiar la comunicación hacemos progresos, lentos, pero vamos derribando barreras internas. También militar desde dentro me hizo ver con otros ojos a la izquierda comunista y sus banderas de hoz y martillo: la mayoría de los comapañeros del PCE también condenaban la dictadura de la URSS y China, explicando los matices entre el comuismo pervertido de Stalin y la propuesta de Trotsky, así como todas las incoporaciones a estas propuestas que se sumaron a lo largo de los años (ecologismo, feminismo, democracia participativa…). Estoy de acuerdo en que muchas veces la campaña de la izquierda/sindicatos se dirige a los convencidos y no pensando en captar la atención de la gente que está en su periferia. Puedo decir que he logrado que se modernice el mensaje en muchos aspectos (“las mismas ideas explicadas de otra manera” es mi leit-motiv para despertar la mente de los compañeros de EU/PCE). En la huelga, he hecho de ciber-piquete y he rebotado y elaborado materiales que explicaban la huelga intentando tener un mensaje distinto. He hecho lo que he podido.

    ¿Por que no nos echas una mano?

    DANI SIMÓN

  6. Romanticismo en el sentido estricto de la palabra no, pero el hecho de que teorices (muy acertadamente a pesar de mis respuestas más cínicas) sobre opciones y posibilidades de reinicio (por llamarlo de alguna forma) me hace verte cuasi como un caballero andante de brillante andadura con ideas nuevas y búsqueda de fórmulas de renovación.
    Desde mi punto de vista totalmente cínico y abatido después de taaaaaanta decepción, pues uno ve esas opiniones con un aura caballeresca!!!
    Jajajajajaja
    Independientemente de los matices de divergencia de opiniones (tu hablas de lo que debería de hacerse y yo me quejo de lo difícil que es lograr que se lleve a cabo) el artículo es un ejemplo de como se escribe bien un artículo sobre política, una retórica que raya la perfección.
    Muchacho, FELICIDADES!!!

  7. bla bla bla (…) http://www.youtube.com/watch?v=YRk_Lp26REs bla bla bla

    Y en contestación a la canción de Paolo una de New Order que yo creo que lo describe mejor: http://www.youtube.com/watch?v=6dFY7cnBrgw

  8. Pingback: Acampada Alicante: La asamblea de majaras ha decidido | El Ansia

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