Últimas palabras de la primera víctima de la Última Guerra Mundial

Me ha dicho: «Yo soy la primera víctima de la Última Guerra Mundial. He sido herido con regularidad durante toda mi vida y ahora me he muerto, no me han matado. Yo no soy nadie especial, me ha tocado a mí como te está tocando a ti y a todos los que conoces y a todos los que conozco. No les tocará a los que vendrán porque no vendrá nadie ya. Mi historia es la misma que la tuya, y su característica inevitable es que ya siempre será pasado. Desde que nací he recibido golpes en forma de sentido apretón de manos venosas, cada día he notado agujas por debajo de mi piel disfrazadas de refranes, saliva en mi cara, líquidos desagradecidos dentro y fuera de mi boca. Estas metáforas improvisadas y vulgares no son de una canción de Sabina. Son metáforas tristes y simples porque así es ser una víctima. La primera de muchas. De todas. No he sido una víctima por nada personal; mis verdugos también lo son, y los verdugos de sus verdugos. Los que viven en el vértice de la pirámide también son víctimas y morirán como tales. Esta Guerra -transcribe con mayúscula esta palabra, siempre, siempre- no tiene armas reales. Los moratones que he tenido han sido, como los tuyos, por caídas ociosas, no por brutales palizas de escuadrones de la muerte. Nadie me ha marcado como eliminable. El enciclopedista, al que tampoco le queda mucho tiempo, sufrirá cuando tenga que contar esta Guerra: ¿qué poner en el campo que enumera los bandos?, ¿y en el del casus belli?, ¿cómo explicar con palabras un tratado de paz que nunca existirá? Quisiera reírme, de verdad. Siempre había pensado que el humor era la clave de todo, que sería la única salvación de la humanidad. Pero ahora que me muero no me puedo reír, porque me doy cuenta de que la contradicción era evidente: ¿cómo va a ser el humor, algo tan sencillo, lo que venza grandilocuencias como el destino o el sentido de la vida? ¡Sería como intentar liquidar cachalotes con cerillas! Fíjate, todas mis comparaciones y metáforas se refieren a matar, ganar. Soy víctima pero también verdugo, como tú y como todos. Y ya no río; puede que esto sea lo propio de las víctimas, lo que las diferencia al final de su parte de verdugo. No puedo reír, el humor simplemente no tiene cabida aquí. Y si no es aquí, ¿dónde? ¿En algún sitio? Yo sólo puedo hablarte en negativo, de lo que no vale y de lo que no hay; es asunto de los vivos descubrir lo que sí funciona y cuándo y, sobre todo, por qué. Te cuento todo esto porque, como primera víctima de la Última Guerra, me parece que tengo derecho a que mi discurso final sea el más importante de todos, superado sólo por el de la última víctima. Pero no merezco ese privilegio ni creo en él. No quiero esa torre de marfil, origen de todo mal, y por eso he saltado de ella. Por eso soy la primera víctima. Por haber saltado de allí soy el único que sabe, de verdad, que todos vais a morir como víctimas y como verdugos». Y se ha muerto.

2 Respuestas a “Últimas palabras de la primera víctima de la Última Guerra Mundial

  1. Pero que maravilla… ¿ Se ha reencarnado en alguién Leonard Cohen ?

  2. Menudo piropo, muchas gracias…

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