Discurso del método bloguero

El formato del blog es volátil y mutante, si se escoge la definición que así explica este formato. Reflexionar sobre el mismo, sobre lo que se pretende haciéndolo, proclamar despedidas oficiales de las que luego hay que retractarse siguiendo el modelo urdaciano CE-CE-O-O, escribir en voz alta por qué se escribe o se deja de escribir. Pérdidas de tiempo, porque si alguna ventaja tiene escribir en un blog es la variabilidad, la inmediatez, y nada de eso es bien recibido por el metapensamiento, que es el pensamiento más rígido de todos. Pero se hace igualmente, por esa misma espontaneidad acrítica, propia de este medio según la definición ya escogida del mismo, que ignora todo intento de establecer y respetar un criterio desde el que se escribe sobre lo que se escribe.

El bloguero duda y lo comparte. Por ejemplo, ¿línea editorial o sano caos? Lo primero permite explayarse dentro de unos límites (no necesariamente auto)impuestos, sin tener que plantearse cada vez si merece la pena hablar de tal tema o probar tal forma de expresión, saltándose la necesidad de generar finalidades particulares para cada entrada concreta porque hay una finalidad suprema rectora. De la rigidez y la especialización salen grandes cosas, pero son demasiadas las que se quedan fuera. Por eso, en mi caso, integré aquí mi blog de cine; si sólo vas a expresarte por un medio, lo que es recomendable para evitar la situación “imperio descentralizado que acaba colapsándose víctima de su propia dispersión”, que sea lo más amplio posible, para igualarte con el mundo del que tienes que hablar. La segunda opción, la del sano caos, es muy estimulante porque permite experimentar, retroceder, seguir instintos y saltar de punto a coma. Problemas de tener la digresión como principio: la respuesta al clásico ¿por qué escribir? es mucho más esquiva y difusa.

¿Y un escenario intermedio? Poner reglas que configuren un método que permita escribir siguiendo unos parámetros inamovibles, dentro de los cuales puede reinar el fuego, el agua, el sexo, la intuición, la gratuidad, la pretensión o lo que surja. Un ejemplo hipotético. Digamos que existe un blog llamado El Ansia, coincidente en título con este o siendo incluso este mismo. El tipo que lo escribe se pregunta cómo sacar fuerzas para escapar de los ocios despistantes o de actividades enriquecedoras y ponerse a escribir. Porque si se escribe, se escribe de verdad, y eso pide esfuerzo intelectual y arrebato físico. Hacer por hacer, nunca. Da vueltas por los momentos metarreflexivos de otros blogs que considera cercanos, pasea por su cabeza buscando el argumento que forme la patada que le obligue a escribir. Concluye, que de eso va este ejemplo, que establecer un método puede ser un empuje eficaz. Primera norma: reservar un espacio, no un hueco, cada día (real o percibido), para sentarse ante la pantalla en blanco. Segunda norma: no superar el párrafo de distancia, o los dos o tres párrafos breves si se necesita un sentido compositivo y aun musical. Corolario/alternativa: no superar la media hora de escritura. Tercera norma/conclusión/multa: utilizar ese método como excusa para crear una regularidad obligada de cerrar unos momentos todo lo demás para centrarse en la entrada potencial, manteniendo como Cuarta/última norma: una vez empezado el proceso, el método puede ser respetado, ignorado o utilizado como arma arrojadiza contra sí mismo.