Nunca se insistirá lo suficiente en que el valor de la cultura no tiene nada que ver con el dinero

La obsesión con el valor monetario de la cultura no permite ver la cultura, sólo la transacción que lleva a ella. Como el mono al que se le señala la luna para que la contemple y mira el dedo. Si sólo se puede acceder a la cultura mediante la transacción monetaria, nunca podremos ver la luna.

El protagonismo de los derechos de autor dificulta la apreciación de la obra que ese autor ha creado y por la que tiene derecho a ser llamado autor. Como si la página descriptiva de los datos de edición de un libro ocupara el espacio de lo creado y lo creado fuera sólo una página, impresa descuidadamente, puesta por obligación a última hora en la última hoja.

Si va a seguir existiendo la diferencia entre lo público y lo privado, que cada cual defienda lo suyo: la “industria cultural” la industria, el Estado la cultura. La primera no va a ceder para unirse con la segunda. ¿Por qué se tolera que sí suceda a la inversa? Reconstruyamos el proceso: ¿por qué sucede? Pongamos un ring y, en igualdad de condiciones, veamos quién merece ganar. Las reglas las establecerá la cultura, la única que se ha ganado la legitimidad de hacerlo, no la deshumanización económica.

Cuando la política deja de hablar de cultura aunque hable de cultura, los únicos que siguen refiriéndose a ella son los que no tienen una empresa ni ostentan un cargo público. Son aquellos cuya voz no tiene la autoridad incontestable que da el dinero o el voto cuatrianual. Serán los que no pudieron acceder a la cultura y ni podrán ni querrán disentir de los dos discursos que son el mismo.

[Extracto de Arte, hacer y ver: del arte al museo, de Carlo Ludovico Ragghianti]

No se debe dejar de señalar, con el enérgico relieve que es necesario, el fenómeno actual que da su mayor contribución a pesar de toda apariencia en sentido contrario a la rémora y a la involución de la cultura artística, es decir, a la especulación mercantil que influye sin excepción en las clases sociales y obra con medios imponentes y capilares de organización y de prensa técnica y genérica, implicando con los productores a los escritores de arte, la actividad editorial, los entes públicos de exposiciones gobernados políticamente y muchos otros instrumentos.

La deformación golpea indiscriminadamente actividades y productos cuya validez o cualificación es referida a las listas de la “bolsa de arte” por el juicio común. Obviamente continúan sin faltar por fortuna los casos de coleccionismo auténtico, inteligente y promotor, pero el bien económico objeto de la inversión financiera, no importa si tiene por comprador un amateur, difícilmente puede sustraerse al vínculo de la cotización, que desplaza la atención y el interés del contenido artístico hacia el valor de mercancía preciada de la que este se hace accesorio, si no irrelevante o de todas formas indiferente.

El mercantilismo por lo tanto no estimula y no favorece, más contraria o deprime el conocimiento de los artes, y mucho más en un período histórico caracterizado por el muy multiplicado acceso al ejercicio de la experiencia artística, por lo que la satisfacción de la exigencia no pasa obligatoriamente por la adquisición y la posesión de las obras de arte.

3 Respuestas a “Nunca se insistirá lo suficiente en que el valor de la cultura no tiene nada que ver con el dinero

  1. Va a contracorriente querido, la cultura hace tiempo que es un valor monetario más e incluso de los mas importantes desde que hay tantas identidades sociales o tribus urbanas (todas las redes sociales sacan tajada de los gustos de los usuarios) aunque por lo menos internet tiene dos caras y la cosa se empieza a liberar un poco y cada vez más gente decide publicar sin un sello de fondo (como Trent Reznor)

    Y en cuanto al arte la gente no lo compra/ve/disfruta en base a lo que es sino en base a quien lo firma, igual porque ya no hay tiempo para comprenderlo o sentirlo, solo para lucirlo, para parecer. Así que no culpemos solo a la Industria sino también a todos aquellos que la apoyan y riamonos a lo Warhol (aunque me caiga mal) de ellos. Si hay gente dispuesta a comprar mierda de artista enlatada por una millonada no veo porque no vendersela.

    Ayer estuve en el opening de una exposición y creo que era de las únicas personas que no estaba emparentada con ninguno de los artistas. Triste y cierto. POr otro lado habían un monton de obras para interactuar y nadie se atrevía a tocarlas… es arte=es serio.

    Estamos todos locos

  2. Bueno, yo tengo bastante esperanza en internet para todo este asunto. Hoy por hoy ya se está cargando la industria musical y está instaurando esa especie de democracia cultural que, mejor o peor, al menos es democrática. Al final, como todo, es un problema de educación.

    Yo creo firmemente que sí que hay que culpar a la industria, porque se ha aprovechado de su monopolio técnico, pero desde que se puede reproducir la cultura su opción no puede ser la única opción, como siguen pretendiendo, intentando salvar los muebles. Ahora, quien quiera pagar debe poder seguir haciéndolo, si uno quiere regalarle su dinero a Apple comprando canciones en iTunes pudiendo bajarlas gratis es su problema… La industria editorial no es exactamente comparable porque sí que hace mucho por la cultura (a pesar de todo), pero está cayendo en los mismos errores desaprovechando las oportunidades de cambio que tiene ahora, y cuando sea demasiado tarde se pondrán a lloriquar. Lo del cine sí que es algo más complejo, porque una película sí que cuesta dinero (mientras que hoy cualquiera puede grabar un disco y distribuirlo como quiera, escribir y publicar un libro, pintar un cuadro y enseñarlo). Hay alternativas de rodaje muy baratas, pero no sirven para todos los proyectos. En cuanto a los museos y las exposiciones, también es culpa de la industria cultural su mercantilización, en este caso una industria con un entramado complejísimo y más profundo porque no es sólo publicidad sino que cuenta con argumentos intelectuales, creo que radicalmente equivocados, pero que le dan empaque. Y por eso es más difícil de cambiar esas ideas que las promovidas por las otras industrias más “ligeras”.

    Pero bueno, apuntes, esto son apuntes.

  3. como le dije estas cosas no se discuten por aquí porque son muy comprejas.
    ¿Conoce esta página http://www.gogoyoko.com/? con ella no le pagas a apple sino al grupo en sí, no me parece una mala opción y además funciona como el Spotify (que está prohibido en Islandia)

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