Los museos no permiten que entiendas y disfrutes el arte

Los museos no funcionan. Son una mera pasarela para turistas culturales, personas caracterizadas por su rápido paso, que se detiene diez segundos para leer el nombre del autor, su fecha de nacimiento, su fecha de defunción (si la hay) y el título y los datos técnicos de la obra presentada. A la obra presentada en sí se le dedica entre cinco y quince segundos y se pasa a la siguiente. Los museos no funcionan porque imponen la mecánica de una cadena de montaje: uno, otro, siguiente, siguiente, siguiente. No hay lugar para la contemplación ni para el disfrute estético, sólo para el reconocimiento onomástico y cronológico. Dos factores provocan esto. Por un lado, la desgraciada falta de educación de la mayoría del público. Por otro lado, y sobre todo, porque las obras exigen tener unas herramientas de interpretación, no se explican por sí mismas sino que requieren conocimientos previos. El arte en general mejora cuando se entiende y no sólo se intenta sentir, y específicamente el arte moderno necesita ser explicado. Desde mediados del siglo XIX muchas obras de arte se vuelven más abstrusas y personales, alejadas de las normas académicas de la tradición clásica. Si ya entramos en el siglo XX, son mayoría las vanguardias cuya comprensión es poco menos que imposible, a lo sumo muy incompleta, sin una explicación adyacente. ¿Cómo puede entender el público que nunca ha leído nada sobre el suprematismo un Cuadrado negro sobre fondo blanco de Malevich, por ejemplo? Es normal que pasen por delante y, o aceleren pensando con justicia que simplemente “no lo entienden”, o se planten unos segundos soltando insultos contra el autor. ¿Qué van a hacer si no? La culpa es del museo por no ejercer una tarea de mediación.

Cualquiera que mire un cuadro de Velázquez o una escultura de Bernini puede tener una experiencia estética perfectamente válida y ajustada a lo que es la obra. Quizá incompleta, pero eso es inevitable. Sin embargo, el arte moderno, figurativo o no, se crea casi siempre a partir de unos supuestos teóricos o unas intenciones inseparables de la obra en sí. Si su exposición no viene acompañada de esta contextualización es una exposición coja e incluso falseadora. No se puede pretender que la forma de enfrentarse a Rembrandt sea la misma que la de mirar una obra de Jackson Pollock, y sin embargo los museos las presentan al mismo nivel. Una equidistancia de transparencia entre las distintas obras y épocas que no se corresponde con la realidad. Lo que falta, entonces, es una explicación. Añadir una nota junto a la obra, que la contextualice y ofrezca una interpretación básica de lo que pretende y lo que supone, en uno o dos parrafitos. Quien quisiera la podría leer (y probablemente, en general, si lo hace seguirá caminando rápidamente como con las placas de autor y título) y quien no se la podría saltar. Pero no costaría nada ponerla, ni en dinero ni en esfuerzo. Porque cabe suponer que el responsable de que algo sea expuesto lo conoce bien, por lo que no le sería difícil sintetizar lo importante para su comprensión. Para que la comprensión del público se acerque lo máximo posible a la del historiador o teórico que considera que una obra tiene valor y por eso la expone. Hay que hacer ver ese valor, o que hay alguno que no sea el de mera solemnidad o estupidez que el público le presupone al arte expuesto en un museo, porque si no presentar las obras es inútil. Y también que ese valor es cuestionable y que las interpretaciones, y aun las contextualizaciones, no son unívocas. Se podría argumentar que acompañar el arte de una explicación corrompería aún más la posibilidad de experiencia directa, no mediatizada, con la obra. Y en parte se tendría razón. Pero si un autor, por no hablar de un crítico, ha escrito o hablado añadiendo algo a su obra, ¿por qué se considera que pervierte la experiencia y no que es parte integrante de ella? La contextualización y la interpretación ofrecida tal vez sean discutibles, pero ¿no es mejor esa posibilidad que la existente, y muy real, de la vacuidad del museo para la mayoría de sus visitantes? Porque una muestra de arte, en concreto de arte moderno, sin una adecuada explicación es una muestra de valor artístico vacío o inescrutable para la mayoría del público. Es una oportunidad perdida. Si se explicara, el museo cumpliría así su función didáctica básica, hoy descuidada en las exposiciones, ya sean permanentes o temporales. Presentar una obra, sobre todo si es moderna, sin comentario explicativo, es equivalente a aquella sección “informativa” de la CNN, No comment, que ofrecía imágenes sin más, “la realidad tal cual”. O, por ejemplificar con un caso reciente y claro, como The hurt locker de Kathryn Bigelow, que narra la experiencia de la guerra de Irak sin tratar las causas ni las consecuencias, quedando como una mera desviación incompletísima y hasta perversa de una cruda situación real, situación que no se ha creado de la nada como implícitamente se sugiere. Como también se sugiere en los museos. Las exposiciones monográficas suelen ir acompañadas de un folleto que da las claves, más biográficas que artísticas, del autor, y mal que bien hace un papel de mediación para su comprensión. Pero ¿qué hay de las colecciones permanentes, o de las exposiciones temporales colectivas? Hace un par de días estuve en una interesante muestra de obras modernas sobre la muerte, One way, one ticket (en el enlace se dan unas pistas que habrían sido útiles allí y que no estaban). Pero era difícil ver una unidad en una monografía tan variada, no se podía entender no ya la relación de unas obras con otras, sino las obras en sí, de autores por lo general poco conocidos para el público. ¿Para qué sirve entonces una exposición así, si la mayoría de los que vayan a ir, a no ser que estén enterados previamente (yo mismo, aun como estudiante y aficionado, también me vi perdido), no van a entender el porqué de las obras, de su presentación conjunta? “Es que cada uno ha de interpretarlo a su manera, no se puede imponer una mirada”. Por supuesto, pero tampoco se puede esperar una interpretación si no hay herramientas para realizarla. Queda así como una muestra que no lleva a la reflexión, porque no se sabe de qué habla ni de dónde viene ni adónde va, ni lleva a la contemplación, porque las obras presentadas son en general oscuras y necesitan una mínima guía que facilite entrar en ellas. Se mantiene al público a una distancia de las obras, y eso perpetúa a una élite cultural que sí puede entenderlas y disfrutarlas en plenitud. Los museos mantienen el clasismo cultural y hacen al público sentirse ignorante, en una perversión que da la vuelta a lo que deberían ser.

Los museos presuponen dos cosas: o que el público ya tiene la cultura necesaria para entender el arte, cuando en la mayoría de casos modernos sólo alguien muy enterado la tiene de antemano; o que el arte se explica siempre por sí solo. Las dos son equivocadas. Para arreglar la primera el papel del museo como lugar didáctico es fundamental. La segunda viene de la concepción prioritariamente visual de la cultura, de aquello de “una imagen vale más que mil palabras”. Es cierto que una imagen puede decir mucho, pero mil palabras bien escogidas pueden decir muchísimo más. Sin el lenguaje la comprensión es básicamente estética, mientras que con el lenguaje, con una pequeña nota que ofrezca unas claves para acercarse a la obra, se dota al arte de contenido. Sin el lenguaje la contemplación del arte en los museos es superficial. Las intenciones y logros del arte, algo que está más allá de la obra en sí, son parte integrante del mismo. El artista no crea desde la nada y hacia la nada, sino que parte de unos supuestos (aunque estos sean la intención de que la obra hable por sí misma) y apunta a un público, sea el propio autor o la crítica o el mercado o, las menos, el gran público. En los museos arqueológicos se explica en detalle lo que se presenta. ¿Por qué en los artísticos, aceptada a regañadientes en este caso la distinción entre ambos, se deja al espectador solo? Seguramente venga del Romanticismo, mentalidad con la que todavía hoy nos acercamos al arte, prevaleciendo la idea de que la emoción directa es lo que importa. Concepción que se uniría a la nietzscheana que sin duda está instalada en la sociedad, y que entiende que toda mediación enmascara la realidad y la aleja del individuo. Si la visión romántica desprecia una parte componente del arte (la racional), la segunda sobrevalora las capacidades de la persona, que debe construir el mundo junto a otras personas y no como un islote. Quien quiera acercarse al arte sólo mediante sus sentidos siempre es libre de hacerlo (hay que reconocer que a veces es recomendable), pero los museos tendrían la obligación de facilitar la opción de complementarlo con contextualizaciones e interpretaciones para quien desee saber más allí, delante de la obra.

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19 Respuestas a “Los museos no permiten que entiendas y disfrutes el arte

  1. Vaya lío te has hecho.
    Está claro que ir a un museo se tenga que parecer a ir a un restaurante de comida rápida. Al igual que todo acto cultural.
    Pero, de fondo, te pregunto: ¿realmente importa ese afán didáctico? Porque de ser así, sería casi obligado el que te pongan un video, de tipo instructivo antes de entrar en cada sala, luego un exámen y ya te dejamos ver la obra.

    Yo creo que ni lo uno ni lo otro. Las élites cúlturales necesitan regodearse al ver como las hormigas obreras pasan con un enorme símbolo de interrogación frente a sus obras. Al fin y al cabo somos Sims y lo que digamos es sólo ruido.
    —–
    Pdta: ponte una boina y vete al reina sofía a explicarle cosas a la gente(voluntariado cultural ya!)Y olvídate de que lo haga la institución por tí, o es que pretendes cobrar!.

  2. Naliam, a lo mejor no lo he explicado del todo bien. Cuando hablo de “función didáctica” me refiero no tanto a que un museo debe ampliar la cultura general, sino sobre todo a que debe ayudar a entender el arte. O sea, una ayuda para tener la experiencia estética que el museo considera que la obra debe proporcionar (de una forma o de otra), y por eso le parece necesario exhibirla. El arte se entiende mucho mejor si te dan pistas sobre lo que es. Claro que yo parto de que cuanto más se sabe de una obra (contexto, interpretaciones, intenciones, simbolismos…) más se disfruta, y en eso no todo el mundo está de acuerdo.

    PD: No te creas que no he pensado alguna vez en alguna exposición acercarme a alguien con cara de confusión y tratar de ayudar. No en plan “yo sé más que tú” (no soy una élite cultural y ni mucho menos quiero serlo, todo lo contrario), sino porque me gustaría que ese alguien pudiera tener una experiencia estética más completa. A mí me lo han hecho (algún espontáneo que me explica esto y lo otro al verme con cara de tonto delante de un cuadro) y lo he agradecido mucho.

  3. lafabricadesquizos

    Ufff, esta vez te has pasado… para hablar de esto se necesita minimo un cantaro de te y una tarde-noche por delante. Pero que más dadá.

  4. Jajaja, es que a veces no puedo (ni quiero) moderarme… ya que me pongo a escribir, lo suelto todo i prou! Me vale con que lo leas :P

  5. Bueno, en cada vez más museos puedes alquilar un aparto para que enchufes tus auriculares y una grabación te vaya contando cositas de las obras expuestas.

    De todas formas, eso de tomarse un tiempo con cada pieza es virtualmente imposible. Creo que la visita inteligente consiste en ir informado de casa y pasar olímpicamente de lo que no te interesa.

  6. Muy importante esta cuestión de la función didáctica de los museos; es lo que con mayor facilidad se olvida en estas instituciones. No se trata de dar clases, hay mil formas de ayudar a la educación en el tema sin necesidad de una clase magistral. Requiere creatividad y voluntad de las instituciones. Por suerte hay algunas que se aventuran a hacerlo, pero no son ni por cerca suficientes.

  7. Intramuros, lo de la audioguía es una solución muy buena también, porque además puedes escuchar la mediación al mismo tiempo que ves la obra. Es verdad que cada vez está en más museos, pero siguen sin ser suficientes (y además en muchos te cobran un extra por la audioguía… aunque ese ya es otro tema).

    Fernando, la verdad es que los museos en general (sobre todo los arqueológicos) tienen bastante asumida su función didáctica. Pero no los artísticos… yo creo que por lo que digo al final del texto: la contemplación de las obras se entiende de manera tanto romántica como nietzscheana y no se atreven a intervenir.

  8. [De una conversación del Facebook:]

    [Karrajo dijo:] Pues yo tendr… Ver másía que pensármelo, y lo que voy a opinar no es por defensa de los museos tampoco, pero creo que opino que si el artista ha escrito algo sobre su obra con la intención de explicarla, debería ser parte de la obra; vamos, que si no, que no lo ponga o no se sepa (que a veces el misterio ese es gracioso, o es intencionado) o no haga una obra de arte sobre su pensamiento, si ésta va a ser una incompleta representación de lo que pasa por su cabeza. Que la obra tenga valor en sí mismo para mí es importante, porque si no es como en un libro de recetas, elegir la foto donde se añade sal al plato y presentarla como obra artística; pero si haces algo que consideras arte, lo que tienes que hacer es darle todo el valor que puedas, que para eso tienes esa pretensión. Si no, dedícate a otra cosa. No sé, yo escribo cosas cortas, no lo considero arte pero lo pongo de ejemplo para explicarme: no presento al lado un manual de 20 páginas que explican por qué he puesto cada cosa y de esa forma en el texto, porque lo único que tiene valor ‘público’ o ‘estético’ para mí es el texto en sí, mi obrita. Es que si no, escribiría ensayos, y como ejemplos pondría obras mías, como quizás los artistas a los que no se entiende por sus obras deberían hacer también.

    [A lo que yo respondí:] Carlos, yo estoy de acuerdo en que la obra tiene que tener valor en s… Ver másí, eso no lo discuto. Y de hecho en el texto digo que a veces es mejor enfrentarse directamente a la obra. Pero creo que hay cosas (la mayoría) que explicadas se entienden mucho mejor y se pueden disfrutar mucho más a fondo. No hay más que darse un paseo por exposiciones para ver cómo la mayoría de la gente pasa de una obra a otra rápidamente, y muchas veces (me refiero sobre todo al arte moderno, menos directo) sin haberse enterado de nada. Yo el primero, eh. Por eso creo que un texto de apoyo puede ayudar muchísimo. No puedo pensar otra cosa ya que escribo crítica, si pensara que no sirve de nada no la escribiría… Yo he aprendido casi todo lo que sé de cine o literatura o arte no sólo viendo pelis, leyendo libros o yendo a museos, sino también (y de forma igual de importante) leyendo crítica/teoría, algo que me ha influido muchísimo a la hora de enfrentarme a las obras. Además, también entiendo que ningún campo de la cultura es autónomo, todos entran dentro de la cultura en general y no creo que se puedan entender por sí mismos; sin negar que puedan tener valores en sí mismos, claro, o incluso que esos valores sean los más importantes. No puedo opinar otra cosa!

  9. Añado a esto último: Carlos, pones el ejemplo de cuando escribes, un ejemplo (la perspectiva del autor) que me complica el argumento… pero creo que puedo sacarlo adelante todavía xD Yo es que creo que la obra no es lo que el autor pretende (o más bien, no sólo), por eso su voz puede que sea la más importante pero otras (la crítica) también. Por otro lado, en la literatura se puede hacer también el equivalente a las notas explicativas. Sería el prólogo (contextualización y estudio previo), que a mí personalmente me enriquece siempre las lectura. Sin quitar que puedan disfrutarse por sí mismas, claro, pero de manera más incompleta. Insisto en que todo esto vale porque yo creo (firmemente) que cuanto más se sepa de una obra/autor más profunda es la experiencia estética, pero hay otras opiniones. Lo que digo es que los museos deberían facilitar los medios para quienes preferimos una mediación; mediación que sirva de aproximación, eso sí, ya que cada uno tiene después que formarse su propio juicio y hasta su interpretación personal.

  10. lafabricadesquizos

    mmm no me entendió, a mi no me basta con leerlo, lo que pasa es que es algo demasiado largo para discutir en monologos…
    No me gustan los museos como continente, pero dice que a veces la gente pasa de una obra a otra sin buscarle la importancia/esencia/reparar en ella; no es acaso lo mismo que hacen en el dia a dia en la calle? da igual que sean tiendas, gente o incluso que haya habido un asesinato, la gente cada dia gasta menos tiempo en ver/entender/vivir. Por otro lado a veces la cantidad de información es tan grande que necesitas diferentes dias para ir a ver cada exposición.
    Desde el momento que pagas para entrar al museo la idea está pervertida.

    Con lo del contexto y estudio previo; no se, cada dia lo veo menos así, digamos que con que me mueva algo dentro me vale (y despues del dadaísmo hay pocas cosas que me muevan). A veces el analisis mata todo el espiritu y no se, a veces es mejor no saber que pretende el autor con la obra, yo era muy feliz con mi idea filosofica global de Dogville y luego el Lars von Trier le daba una explicación super capulla al asunto… aunque siempre tiene su punto snob el comentar los cuadros con cara de enterados.

    Digame por ejemplo si necesita contexto para esta obra (premiada y expuesta) para entenderla:

    Hay otro tema que suelta ilandolo por ahí (ya le he dicho que me gusta su desastre emotivo analitico de las cosas?)que es la anacronía en la prensa, los paises que salen un dia en la parrilla y que en dos dias no vuelven a existir… el anacronismo es una caracteristica de las sociedades modernas y de verdad quiere ponerse a explicar a cada persona la historia del arte? la abstracción de lo real? empecemos por algunos otros campos.

    Yo creo que a veces el autor no pretende controlar la obra, a veces la creacion es una necesidad de inexpresión

  11. Vaya, vaya … Mi gran enemigo: los museos…

    Quiero pararme a leer bién el post y los comentarios pero tras un rápido repaso me solidarizo ipso facto con la visión detractora de los museos y su concepto de arte estabulado, acumulado y fetichista…

    “I´ll be back…”

  12. Sigo un poco más por aquí:
    quería añadirte que además y curiosamente estoy absolutamente a favor de que los museos cumplan la función que comentas; en consecuencia de lo cual veo que podrían pasar varias cosas.
    1: que esa información que se consigue fuera de la obra en sí, aportada por críticos, historiadores o quien sea, te de razones para verificar la interpretación de la obra que pudieras tener tú antes. En ese caso la obra tiene valor para ti, y la información también, y la visita al museo te ha servido de mucho. Si has pagado, enhorabuena, si era gratis, mejor aún.
    2: que esa información te haga entender la obra que en sí misma no entendías. Ahí es cuando opino que esa obra entonces no tiene valor en sí, y hasta casi me radicalizo y pienso que ni debería estar en el museo en cuestión (pero claro, a ver quién lo decide); vamos, que no dice nada y es como la foto que acompaña a todo un discurso filosófico o artístico que el ‘artista’ tiene en mente, y que así arrancada de todo el meollo mental no es arte, ni es nada, sólo un apoyo al discurso al que pertenece. Ganas de quemar el museo justificadas.
    3: que la información muestre que lo que te hacía sentir e interpretabas de la obra es distinto, incluso contrario. A mí esto me parece genial. O el autor ha mentido pero tú has sentido algo (genial, la obra ya no es suya, la has hecho tuya, como en lo que voy a comentar ahora); o tenías otra cosa en mente que te ha hecho ver la obra a tu modo. Vale, entonces el museo cumple una función, reflexiva y de análisis. Y añado un ‘pero’ como una catedral. En cualquier caso, cabe la posibilidad de que lo que el museo explica no justifique que tengan razón, y seas tú en tu infinita sensibilidad el que hayas entendido el verdadero propósito y sentimiento de la obra. En este punto, ganas de concertar una cita con el que escribe para el museo, y tomar un café con él, o en su defecto, descubrir si tiene un blog, y darle la brasa (déjà vu total).

    Seguramente puedan pasar más cosas, pero he perdido un poco la concentración. Por cierto, y ante todo, como todo lo que te leo, este es otro artículo cojonudo.

    Y reflexiono, ¿hay información para entender mejor y contextualizar a Borja para comprender mejor sus críticas (/análisis, artículos), o esto ya es darle muchas vueltas al asunto?

    Y además, ¿sería reseñable de verdad lo que se reseñaría de la obra de los autores en los museos para entender sus creaciones, sería eso lo fundamental, el motivo por el que hicieron su obra, podría el que lo analizara estar equivocado, o simplemente ese contexto que se pone podría no ser más que una coincidencia con lo que realmente pasó por la cabeza del autor pero nadie sabe?

    ¿Tiene límite de caracteres añadir comentarios en este blog?

  13. Yo hace muchos años en un difunto fanzine relaté un viaje a un campo de concentración en Alemania y en mi justificación de aquel viaje que hasta me cuestionaba yo mismo, arremetí contra los museos como experiencias aturdidoras y autistas culturales en el sentido de que se acumulan obras, se descontextualizan y se tiende al fetichismo y al idolatrismo. Siempre mas que los museos me han gustado las exposiciones monograficas donde todo acaba por tener un determinado sentido e intención…

    Pero no hay que perder de vista cual es la genesis de los museos que en su inicio no fue otra que ser una exhibición de trofeos culturales rapiñados normalmente en exoticas campañas militares. Muchos de los grandes museos europeos se destacaron por un ” a ver quien la tiene más larga” y acumula más obras que dan prestigio a la ciudad y el país.

    Es justo decir que luego la situación ha ido evolucionando a convertirse en el escaparate de obras que en una sociedad anterior a la nuestra no tenía la capacidad de difundir obras e imágenes de de otra forma no eran accesibles sino visitándolas. Aun así siempre ha pesado más el prestigio acumulador que la voluntad de transmitir algo al visitante que acude muchas veces casi maquinalmente y sobrecogido por la apabullante concentración de obras de arte ¿ Es necesario ? No creo…

    Yo entiendo que los museos deben cambiar como exhiben sus obras y el público como visita los museos que deben convertirse en algo más que centros de arte estabulado… Y bueno pienso que hay pasos interesantes en esa dirección y en la museología. El museo debe ser algo vivo que permita una visita continua y no tanto en el equivalente de hacerse una foto con la Torre Eiffel detrás…

    PS: Pobre Hurt Locker. No entiendo porque le acusan de descontextualizar el conflicto de Irak. Más que nada porque en ese tema creo que sobra mas que falta pedagogia y segundo porque la película recoge la mentalidad de un autista adicto a las sensaciones fuertes…

  14. Qué feliz me hace que por fin haya un poco de debate (y muy bueno!) en algo que publico, después de varios años de práctica sequía de feedback con el blog de cine…
    Ryoko: Sí que es lo que hace la gente en el día a día en la calle, pero precisamente por eso los museos tendrían que ser un lugar diferente. El arte ha pasado a ser una alternativa de ocio más, como ir al multicine o jugar al rol. Está bien que el arte pierda el “aura” religiosa, mística, porque no deja de ser un producto humano y eso es lo que lo hace grande. Pero es que pese a la banalización del arte esa “aura” sigue ahí, se queda uno con lo peor de dos mundos. Y no puedo estar más de acuerdo en lo de la perversión que supone pagar para entrar al museo (y casi para cualquier cosa, ese es otro tema…).
    Es verdad que saber más (por ideas que te sugiere un análisis o por la contextualización, como en el caso que dices de von Trier… que por cierto tu interpretación puede ser tan válida o más que la suya) a veces estropea un poco la experiencia estética. Pero es que yo creo que es mejor acercarse más a la “verdad” (con todas las comillas del mundo), intentar conocer todo cuanto más mejor, aunque eso suponga perder la chispa. A cambio, ganas una “chispa” más profunda, puede que la sientas menos veces pero la sientes con toda propiedad, y yo creo que eso le da más valor aún.
    PD: Muy bueno el vídeo, no lo conocía. Y creo que una contextualización (de lo que pretendía el autor, etc.) no estaría de más. No digo que no se pueda entender o disfrutar una obra sin esa información de contexto o análisis, sino que si se tiene la comprensión y el disfrute de la obra es más profundo.

  15. Karrajo: Muchas gracias por la parrafada, de verdad! Y por el peloteo, que es algo que no me gusta nada pero tú lo haces elegantemente. Por lo visto no hay límite de caracteres, y si lo hay no nos estamos quedando demasiado lejos… Y me gusta mucho también estar de acuerdo en algo (la función de los museos) y discrepar en ese algo a la vez. La vida es lo que tiene y esta es la salsa! Comento punto por punto:
    1.Este es el caso redondo, que te guste algo y que cuanto más lees sobre ese algo más comprendas tu propia experiencia. El no saber por qué algo te mueve es una gran sensación, pero conseguir argumentos para entenderlo SIN PERDER esa sensación es, para mí, la mejor experiencia estética de todas.
    2.Aquí también me radicalizo yo… Creo que una obra siempre es parte de algo más, por definición, es parte de la cultura humana. Sin los conceptos de “arte” o “experiencia estética” o lo que sea que tenemos no podríamos entender (ni probablemente disfrutar) ninguna obra. Son conceptos culturales y no naturales, y por eso creo que cuanto más se conozca esa cultura (la humana en general, la del arte, la época, el autor, la obra en concreto…) más nítidamente se puede comprender. En la obra “vacía” que dices, la obra en sí no sería nada sino sólo un apoyo del discurso. Yo me pongo chulito y digo: pues claro! xD Toda obra forma parte, en mayor o menor medida, de un discurso más grande, el de la cultura humana. Hay algunas con más valor intrínseco y otras que no tienen prácticamente ninguno, pero nunca son autónomas. Incluso aunque se negara (más o menos) que se enmarcaran en la cultura en general, siempre quedaría el tema del sujeto, el espectador que siempre aporta algo a la obra. Esta, creo, nunca puede ser objetiva, y por eso cuanta más información se tenga para disminuir la subjetividad propia (parto de que, como ya dije por ahí arriba, es mejor vivir y entender en sociedad que como una isla) la experiencia será más profunda.
    3.Aquí es donde más discrepo, porque no creo que se pueda alcanzar una única interpretación válida. Hay algunas más válidas que otras (las que más se apegan a la inmanencia de la obra, a lo que es la obra en sí, y no se inventan algo que no está), pero no el verdadero “propósito y sentimiento” de la obra. Hay tantos como espectadores; es más, hay tantos como cada vez que alguien experimenta la obra (por mucho que veas un cuadro mil veces, nunca sentirás lo mismol). Todas las experiencias estéticas son válidas, pero no todas las interpretaciones. La intención del autor (la sepamos o no) es seguramente la más importante, pero no es definitoria porque la obra cobra vida propia, independiente de él.
    PD: Para contextualizar a Borja, el conjunto del blog es un buen comienzo… Esto me da pie a un ejemplo claro de lo que he venido defendiendo (que, insisto, es relativo a una concepción de entender la experiencia estética y hasta la interpretación, hay otras que no tienen por qué ser más o menos, sólo diferentes): un texto suelto de los que escribo por aquí puede tener su miga y aportar cosas, pero ¿a que se entiende mucho mejor cuantos más textos míos se han leído, o cuanto más se conozca la época en que se escriben, o sobre el formato blog, etc.?

  16. Paolo: Estoy contigo en tu opinión general sobre los museos, y también en la preferencia por las exposiciones monográficas, más abarcables. En realidad la idea del museo no es tan mala si uno tiene la posibilidad de ir con frecuencia, no es lo mismo ver el Louvre en una mañana que ir diez veces al año. Quizá a veces no podemos evitar verlo (yo el primero) con esa perspectiva de turista que criticamos, como algo que se visita una vez y rápido, y no como algo que está ahí. ¿Te refieres a esto con de la “visita continua”?
    También estoy de acuerdo en lo que bien apuntas del “prestigio acumulador”, creo que ese concepto explica mejor lo que intentaba decir yo de la perpetuación de unas élites culturales, de la intención de mantener a una distancia prudencial al espectador vulgar, que toma conciencia de no ser más que precisamente eso. Lo que tendrían que hacer los museos es todo lo contrario, elevar al espectador vulgar, esforzarse por hacerle entender por qué las obras expuestas merecen estarlo (¡o permitirle que pueda pensar lo contrario, pero con conocimiento de causa!). Pero claro, seguramente esto llevaría a un cuestionamiento (o al menos visión crítica) del modelo de museo, algo que no interesa a sus responsables y que hoy por hoy sólo sucede en gente ya ganada de antemano, léase los “amantes del arte” o los “sujetos críticos”.
    PD: El problema yo creo que es porque es una guerra que todavía está viva. Tal vez si fuera un conflicto ya superado, algo del pasado, se podría frivolizar más, pero es algo caliente y activo y entiendo que no hablar de las causas ni de las consecuencias como un simple “mirar para otro lado”. Y pese a todas las interpretaciones y lo mucho que se ha hablado y se sigue hablando de Irak, en el fondo sigo creyendo que es una invasión que no se entiende al completo, que va más allá de los sencillos motivos económicos que normalmente se dicen. Por otro lado, no se me había ocurrido lo de la película como una visión subjetiva de lo que sucede (una interpretación que enriquece -y mucho- mi comprensión de la obra ;D), pero incluso como cine de acción bélica/psicológica me dejó frío.

  17. QUE ALGUIEN ME PARE, HE PERDIDO TODA CAPACIDAD E INTENCIÓN DE SÍNTESIS

  18. lafabricadesquizos

    La moderación no le llevará a ninguna parte

  19. Pingback: Sucursal | El Ansia

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