Del sexismo social incrustado en el sexismo lingüístico

[Extracto de «Nombrar en femenino. El caso emblemático de jueza», de Ana María Vigara Tauste, en De igualdad y diferencias: diez estudios de género]

Lo “políticamente correcto” -que tan despreciable nos parece- es siempre lo que hace “el otro”: querer imponer un femenino que no existe o no debería existir o no es necesario o es ridículo… “empeñarse en reiterar que las mujeres existen”. “El otro” suele ser “las otras”: “las mujeres”, “las feministas”. [En el siguiente ejemplo], aparecido a modo de carta en ELPAIS.com (Opinión/Blogs, 14-12-2006) bajo el título «El sexismo del oyente», firmado por Álvaro García Meseguer, toda una autoridad en los estudios sobre sexismo y pionero en España, se recoge lo dicho […] acerca de la diferenciación entre sexismo del hablante y sexismo del oyente, y se ejemplifica:

Veamos otro caso. En un periódico gallego leo un titular que ocupa dos líneas. La primera dice: Treinta y seis jóvenes competirán esta noche. Esta línea presenta una información parcial que espero completar al leer la línea siguiente, la cual dice así: por el título de Miss España en el Coliseo. Si al leer la segunda línea el lector ha experimentado en su interior un clic [ … ], habrá incurrido en sexismo del oyente. Porque obsérvese que la palabra jóvenes no tiene marca de sexo, ampara por igual a mujeres y varones. Si ha habido clic es porque el jóvenes de la primera línea ha sido interpretado indebidamente como jóvenes varones, interpretación que ha debido rectificarse después. Este fenónemo se denomina sexismo del oyente, resultando obvio que en este caso el hablante está libre de sexismo. Pues bien, muchas oyentes acusan de sexismo a muchos hablantes porque ellas interpretan como sexistas expresiones que no lo son. En tales casos, quienes son sexistas son las acusadoras y no los acusados.

¿En virtud de qué se convierte el lector en muchas oyentes, oyentes mujeres, obviamente, que acusan a muchos hablantes (varones, obviamente, ¿o no?); ¿cómo da García Meseguer el salto semántico (cuyos límites teóricos él mismo ha establecido) desde el masculino genérico (inclusivo de ambos sexos) el lector al femenino específico (restrictivo, excluyente de los varones) muchas oyentes?; ¿ha inducido la actualidad esa toma de postura en que “ellas” son las acusadoras y “ellos” los acusados, más allá del puro estereotipo social? El concepto de sexismo del oyente nos enfrenta a la mirada del otro. Lo que para mí es tan obvio puede ser completamente opaco para cualquier otra persona, incluso para la mayoría de las personas que conozco, que, sencillamente, no ven lo que yo veo o no lo ven como yo lo veo (y viceversa). Mi percepción no es ciencia, ni la de los demás: los asuntos sociales son opinables; el sexismo, en consecuencia, también… ¿Cómo estar seguros de a quién corresponde el sexismo atribuible a una determinada expresión?, ¿al hablante o al oyente? ¿Es sexista quien me niega el derecho a ser llamada jueza o lo soy yo, que lo interpreto como sexista?

Seguramente estas dos dicotomías (sexismo lingüístico / sexismo social y sexismo del hablante / sexismo del oyente), aprendidas en los medios de comunicación y manejadas (aun bienintencionadamente) por personas que no tienen por qué profundizar en asuntos lingüísticos más de lo que lo hacen sus fuentes, pueden dar lugar a no pocas fisuras y contradicciones, contribuir a la confusión y proporcionar a quienes las buscan excusas sencillas para el enfrentamiento o la burla. ¿Estamos siendo conscientes de que es así como realmente estamos viendo y mostrando el mundo: dividido en dos partes enfrentadas por un motivo aparentemente tan trivial como el de añadir o no una -a morfema de género a unas cuantas palabras? ¿No convendría además que nos preguntáramos, en el fragor del desacuerdo que tanto nos irrita y reflexionando sobre el concepto de “sexismo del oyente” (que, en la concepción de García Meseguer no es sino un error de interpretación de este, una interpretación sesgada), por qué tanta gente tiene automatizado “jóvenes” = “varones” si de veras jóvenes no tiene incorporada marca de sexo?, ¿por qué la mayoría de las personas, si no leyera la segunda línea del titular periodístico a que se alude, seguramente no pensaría nunca (-o no pensaría fácil-, espontáneamente) que “jóvenes” = “mujeres”?

Los psicólogos podrían ayudarnos a explicarlo con el concepto de “priming crónico”, una especie de ley de primacía cognitiva: ocurre que mientras el contexto no cierre el sentido del término (de jóvenes, en este caso; o de cualquier “masculino genérico”), se prima la activación de la interpretación más disponible o más fácilmente accesible (que es la que suele ocurrir con más frecuencia, la próxima a cruzar el umbral de la percepción consciente). En español (y en nuestra cultura), salvo que el contexto sea completamente preciso y obligue a incluir el femenino, está primado crónicamente el masculino: y lo normal es que oigamos “masculino” si no oímos específicamente “femenino” y que relacionemos con varones si no se nos induce a relacionar específicamente con mujeres.

Es, salvando las distancias (de intencionalidad, sobre todo), lo mismo que ocurre en los chistes, el encabalgamiento poético o las adivinanzas; el mismo fenómeno cognitivo que permite en la lengua coloquial activar la interpretación adecuada incluso en esos casos en que se ha expresado literalmente lo contrario de lo que se quiere decir. Esto explica quizá también el hecho de que mi hija, que tiene ahora diez años, se haya pasado casi hasta los ocho sintiéndose excluida del masculino genérico en enunciados como “No, coca-cola no, que no es buena para los niños” (“¡Pero yo soy una niña!”) y que siga viendo (imaginando) “hombres con bata” en los médicos de los hospitales que, por su edad, no puede visitar, y “hombres con mono” en los jardineros municipales del pueblo en que vivimos (en cuya plantilla hay un buen número de mujeres, por cierto). Y seguramente esto sirve también para explicar los resultados de ciertas investigaciones, como esa en que se propuso a niños de primaria que hiciesen un dibujo sobre el tema Cuchara y tenedor se casan. Hacer un dibujo de la boda, y todos asignaron el papel (masculino) de novio al tenedor (palabra masculina) y el (femenino) de novia a la cuchara (palabra femenina); o esa otra en que un profesor en una facultad de Ciencias de la Información “presentó a su alumnado como primera tarea la redacción de una noticia sobre El primer día en la universidad de un alumno de periodismo“, en la que “sus estudiantes, treinta alumnas y diez alumnos, escribieron sobre un joven varón que iniciaba la carrera de periodismo, sin que nadie de la clase imaginara que la frase podía referirse a una joven”…

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7 Respuestas a “Del sexismo social incrustado en el sexismo lingüístico

  1. Clarita Libertad

    Muy interesante, gracias :)

  2. juajaujaujau me ha hecho mucha gracia lo de cuchara y tenedor se casan, habría que haberlo hecho con tenedor y cuchillo y seguramente solo unos pocos niñ@s habrían dibujado una boda gay = todo es cuestión de que tenemos normalizado/interiorizado y que no.

    Fui a un seminario de lenguaje y género y bueno, fueron 4charlas muy instructivas: la primera la dio el gañán de turno que no veía problema alguno en el uso del generico masculino. La segunda le tocó a la femisnista que estaba algo exaltada por la primera charla. El tercero fue un pobre danés que diferenció el género de las palaras del de las personas y apeló por usar (no encuentro la palabra ahora, pero llamemoslo) el “neutro” y el último fue el inteectual de turno que presentó su investigación diciendo que el neutro no arreglaba nada y que la teoría del primero era una caca porque blablabla (verborrea de lingüista con base cientifica).
    Personalmente me gustó la deconstrucción del último pero lo único que me queda claro es muy subjetivo.

  3. Clara: De nada, a mandar!

    Ryo(ko): Es muy bueno eso, aunque creo que la adjudicación del hombre al tenedor no es sólo lingüística, sino por las reminiscencias fálicas… Es un tema interesante el del sexismo lingüístico, no creo que sea prioritario pero como los ataques (y en consecuencia las defensas) son tantos y tan agresivos (señal de que no es sólo un asunto lingüístico…) siempre está al día, a menudo por encima de otros más importantes. Mi opinión, por si hay curiosidad, es más bien intermedia. La relación entre lengua y sociedad está bien clara, pero creo que no hay que forzar demasiado (demasiado) el lenguaje, y cuando se considera necesario un femenino se va imponiendo por sí mismo. Lo que sí que hay que forzar es la sociedad que repercute en ese lenguaje!

    En L’Assemblea están (estamos) montando una charla/debate sobre el “género neutro” (yo preferiría decir “común”, pero…), para las Jornadas de Primavera de la UA, a ver qué pasa.

  4. Borja, personalmente me parece mas falico el cuchillo que el tenedor juajuajau

    Es un gran tema para la charla, seguro que os sale algo majo o al menos dará pie a algo de dialectica. Las jornadas a las que yo asistí eran montadas por lingüistas y me pareció interesante verlo por otro lado.

    Mi posición también es la del uso de comunes también aunque también me inclino por lo odiado por puristas de escribir en desconcordancia(los niñas)porque es un click en el cerebro del oyente.
    Antes me interesaba más el tema del lenguaje porque como has dicho es un tema interesante (algo que usamos cotidianamente = re-creamos imaginarios sociales) y me ponía de los nervios (más en aspectos de sexismo en sí que de género gramatical)Con el uso del inglés e islandes me he relajado un poco (más neutros) y lo veo desde un punto de normas gramaticales (que me encanta saltarme). Para mi lo único que me funciona es la reapropiación del lenguaje, pero claro, yo ya me he pasado al lado oscuro.

    Citando a Wilde, “uno empieza matando y termina cometiendo faltas de ortografía”

  5. Sí que es más fálico, pero entre el tenedor y el cuchillo a lo mejor seguía siendo la mujer el segundo (si es redondo), porque también se asocian las líneas a lo masculino y las curvas a lo femenino.

    A favor de hacer el “click” en el oyente. Hace poco decidimos que la delegación de alumnos de la facultad se iba a expresar siempre en femenino, para provocar ese “click” y porque además es gramaticalmente correcto al haber más alumnas que alumnos.

  6. Fui alumna de Ana María Vigara hace casi 20 años, recién aterrizada en la Universidad. Gracias.

  7. Pero el experimento de la cuchara y el tenedor es más complejo de lo que has comentado, Borja, lo transcribo tal y como lo publicó García Meseguer:

    En dos escuelas diferentes de educación primaria se pidió a los alumnos (niños y niñas de unos siete u ocho años) que hiciesen un dibujo sobre el siguiente tema: Cuchara y tenedor se casan. Hacer un dibujo de la boda. El resultado fue el siguiente: en una de las escuelas, la totalidad de los dibujos representaban al tenedor como novio y a la cuchara como novia; en la otra, tan sólo la mitad de los dibujos mostraban esa configuración, en tanto que la otra mitad mostraban al tenedor de novia y a la cuchara de novio.
    La explicación es bien sencilla. La primera era una escuela española y la segunda una escuela alemana. En alemán, al contrario que en español, la palabra cuchara (Löffel) es de género masculino y la palabra tenedor (Gabel) es de género femenino. Al repetir el mismo ejercicio en una escuela catalana (en catalán, los dos términos, cullera y forquilla, son de género femenino) se repitió el resultado 50-50 de la escuela alemana.

    Así que toda lengua implica una metafísica. O Sapir-Whorf, vaya. Pero personalmente creo que el hablante tiene una alta responsabilidad sobre sus conceptos. Vamos que la -a y la -o del español es lo de menos.

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