Daño cerebral (Manifiesto parcialmente robado)

[Extracto de «Brain damage», incluido en City Life, de Donald Barthelme; la traducción es mía]

Oh hay daño cerebral en el este, y daño cerebral en el oeste, y en el piso de arriba hay daño cerebral, y en el piso de abajo hay daño cerebral, y en el salón de mi señora -daño cerebral. El daño cerebral está muy extendido. Apollinaire era una víctima del daño cerebral -recuerdas la fotografía, la venda en su cabeza, y los poemas… Bonnie y Clyde sufrían de daño cerebral en los últimos cuatro minutos de la película. Hay daño cerebral en el horizonte, un gran nubarrón grasiento del mismo viniendo haciendo aquí-

Y puedes esconderte debajo de la cama pero el daño cerebral está debajo de la cama, y puedes esconderte en las universidades pero son el cuerpo y el alma del daño cerebral- Daño cerebral causado por osos que ponen tu cabeza en sus espumosas fauces mientras estás cantando “Masters of War”… Daño cerebral causado por la revolución durmiente que nadie puede despertar… Daño cerebral causado por el arte. Podría describirlo mejor si no estuviera afectado por él…

Este es el país del daño cerebral, este es el mapa del daño cerebral, estos son los ríos del daño cerebral, y mira, esos sitios iluminados son los aeropuertos del daño cerebral, donde los pilotos dañados aterrizan las grandes, dañadas naves.

La Inmaculada Concepción provocó mucho daño cerebral en un tiempo, pero ya no. Un equipo de lipizzanos acaba de publicar una autobiografía. ¿Hay alguna razón para acusarlos de ya-sabes-qué? Y vi a una chica andando por la calle, estaba cantando “Me and my Winstons”, y yo también empecé a cantar, y eso nos protegió, por un momento, de algo terrible que podría haber pasado…

Y hay daño cerebral en Arizona, y daño cerebral en Maine, y pueblecitos de Idaho están en sus garras, y mi cielo azul está ennegrecido por él, daño cerebral cubriéndolo todo como un contrato irrompible-

Esquiando sobre la suave superficie del daño cerebral, que nunca se hundirá, porque no entendemos el peligro-

Y hay daño cerebral en España, y hay daño cerebral en Alicante. Pero sobre todo hay daño cerebral dentro de cada uno. Encadenado a nuestras cadenas de ADN. No podemos entenderlo y no podemos observarlo y no podemos destruirlo porque es parte de nosotros. Nosotros somos el daño cerebral. Acabará cuando nosotros acabemos, y no inmediatamente. La materia oscura choca a velocidades cósmicas produciendo las chispas que lo alimentan, y nosotros describimos esa materia oscura y nosotros la creamos y le otorgamos sus capacidades. El daño cerebral no está en el cerebro, está por todas partes. Somos devotos de la religión panteísta del daño cerebral, nos inmolamos por ella sin saberlo, y lo hacemos entre gritos si lo sabemos. Su color es el falso gris de las pantallas y el verdadero azul del mar y cielo. Su sabor el de mil clavos empapados en perfume barato, que crea desde dentro su olor, olor persistente que al ser constantemente percibido mantiene activa la conciencia del daño cerebral. Su tacto el de una tecla grasienta empapada en un sudor sin fruto. ¿A qué se parece? A todo, porque es todo, porque impone su estructura a todo lo que vemos. Lo visto y lo sugerido está filtrado por el daño cerebral, y ese sesgo no se puede eliminar. Porque no se quiere eliminar. El daño cerebral es causa y consecuencia del lavado cerebral, por eso es todo lo que queda. Cáscaras con el cerebro dañado, miles de millones de pequeñas vidas borboteantes que corretean con sus cientos de patas hibridadas por tierras húmedas y cementadas, sólo sienten y piensan con sus antenas metálicas, y el ligero zumbido que provocan al moverse ahoga la información que pudieran transmitir. El daño cerebral está en el aire, en forma de ondas de radio creadas por nosotros y que nunca salen al verdadero exterior, porque el aire no es más que daño cerebral. El daño es nato y permanente y no eterno, el cerebro es nato y orgánico y lee mediante rayos lumínicos. Relámpagos que cruzan la cultura dañada en su base desde su origen, sus truenos son el eco que resuena en el interior de la cabeza vacía dañada en sus paredes gomosas. Los ojos son espejos del daño cerebral. El daño deja de ser daño por ser estado genérico. No hay lucha contra él ni deseo de curarlo porque no es una enfermedad y porque sabemos que no se va a romper y esa es la única seguridad que nos permite ver el daño cerebral. Tenemos daño cerebral y queremos daño cerebral. Lesiones absolutas en un cerebro miniaturizado y desconectado. El daño cerebral me impide ser consecuente con el hecho de saber que todo esto estaba expresado mucho mejor y más sintéticamente en el texto del menos dañado Donald Barthelme. Menos dañado: sí, hay grados y sí, esa es la única esperanza.

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