Negacionismo / indiferentismo

El negacionismo consiste en no admitir la existencia del Holocausto judío. Es algo condenado abierta y justamente en la mayoría de las “democracias” occidentales, es algo mal visto por todos los grupos sociales excepto por los propios escasos negacionistas. Pero la shoah no fue el único genocidio del siglo XX, el siglo más terrible de la historia de la humanidad, siglo desde el que se llama despectivamente Edad Media o Dark Ages a un periodo que tal vez supera al actual en dignidad. El Holocausto judío, decía, no fue el único; quizá ni siquiera el peor, en cuanto a número de víctimas. El amigo Stalin propició voluntariamente una hambruna salvaje y brutal en Ucrania que acabó con millones y millones de personas, millones de muertes lentas y dolorosas por cuatro datos económicos. El impacto filosófico del nazismo es inabarcable y aceptado: ¿cómo fue posible reducir a la consideración de menos que humanos a personas con las que se convivía cada día? No es ya tomar por animales a “lejanos salvajes”, sino al tipo que te vende el pan. ¿Cómo pudo suceder esta tragedia ontológica? Pero la stalinista, aunque diferente, no es menor. Consistió, en síntesis total y sin pararse ahora en matices, en transformar en cosas no ya a un grupo social, sino a todas las personas, para maximizar el beneficio de un sistema económico o por el poder puro. No se sabe el número exacto, ni siquiera aproximado, de los millones que murieron en el Holodomor ucraniano. Frente a los miles de libros sobre el genocidio hebreo, quizá haya apenas unas decenas o pocos cientos sobre esta hambruna bíblica, y muchos de ellos rodeados de un halo insoslayable de propaganda de ultraderecha o pro-soviética. ¿Qué ocurrió? ¿Se reduce hoy todo lo que allí pasó a un conflicto de intereses entre historiadores rusos y ucranianos, en una clásica deriva postmoderna que mira el texto y no la realidad a la que se refiere? Pues sí. A eso se reduce hoy.

Ucranianos, no judíos.

En Occidente este tema apenas genera indiferencia en el poder político. Por un lado, seguramente por el miedo a cabrear a la todavía potencia rusa; la shoah se puede estudiar con tranquilidad porque nadie en su sano juicio tiene intereses (y no digo interés) en su negación. Por otro, porque la, ejem, con perdón, “izquierda”, sigue sin querer afrontar con valentía este pasado porque lo considera parte de su mismo pasado. No es comparable con su actitud ante el régimen cubano. No es cuestión de algunas represiones o símbolos, no. Estamos hablando de un genocidio. Uno que no tiene nada que envidiar al célebre Holocausto. Pero mientras todos corren para salir en la foto que condena a éste, o para llorar sinceramente por lo que sucedió, el Holocausto ucraniano sigue considerándose, y eso si es que se conoce, algo de libros y que no termina de incumbir a las “democracias”. Creen que no exige su compromiso. En España, por ejemplo, se considera algo no más importante, incluso menos, que exhumar los posibles restos de Lorca de su fosa común. Una muestra: se ha rechazado en el Congreso una propuesta para establecer la enseñanza obligatoria del genocidio ucraniano en los colegios. Se ha rechazado por los votos de los partidos de “izquierda”: PSOE, IU, ERC, ICV y BNG. Argumentan débilmente que han votado en contra porque no es competencia suya decidir los programas educativos. Vale, puede que no sea su competencia. Pero hagamos un sencillo ejercicio ficticio demostrativo. Es evidente que si la votación hubiera sido para obligar a la enseñanza del Holocausto judío nadie habría votado en contra. ¿Alguien lo duda? Todos se habrían posicionado a favor, con la boca llena de grandes palabras sobre la humanidad, la justicia, etcétera. Si alguien hubiera dicho algo en contra, su carrera pública, incluso su carrera como ciudadano libre, habría terminado. Entonces, si esta sociedad “democrática” condena con tanta y tan justa radicalidad el negacionismo, ¿por qué permite de manera tan frívola esto que he dado en llamar indiferentismo? ¿Por qué es terrible negar que existió la shoah, pero no tiene consecuencias no mostrar ningún interés por dar a conocer en toda su crudeza otros genocidios? Nadie está a salvo aquí. Quien propone la votación es Jordi Xuclá, de CiU, con la intención no de «tomar partido en la política interior de Ucrania» (¡a eso se reduce!), sino de «la reparación de los tres grandes crímenes del siglo XX: el Holocausto, las hambrunas provocadas por Stalin y las matanzas en Ruanda». Me asalta en estos momentos la duda de si la propuesta de Xuclá es oportunista o simplemente ignorante. ¿Los tres grandes crímenes del siglo XX? ¿De verdad? No se puede acusar de eurocentrismo porque incluye el de Ruanda. Pero ¿qué hay del terror camboyano? ¿No se acuerda de él? ¿Y del horrible genocidio armenio por parte de los turcos, genocidio que no hay que olvidar que no está reconocido como tal por muchas “democracias”, entre ellas la española? ¿Es un caso de indiferentismo como el camboyano o el soviético, o uno claramente negacionista por intereses diplomáticos? Hay que redefinir, ampliándolos, los conceptos de genocidio, de holocausto, de matanza masiva de seres humanos en general, y hay que exigir que políticamente todos sean reconocidos, estudiados y despreciados por igual y, sobre todo, enseñados en las escuelas. De la manera más gráfica posible. Para que no se olviden. No sucedieron en la Edad Media, sino hace unos años. Y tenemos fotos. Y hay personas que los vivieron y que nos lo pueden contar.

Una respuesta a “Negacionismo / indiferentismo

  1. En El País, donde por cierto está en la sección de “Sociedad”, ya lo han quitado de portada… mientras, en Público, El Mundo, La Razón o ABC sigue, creo, sin mencionarse la noticia.

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