Tres funciones del humanismo actual

Edward W. Said argumentó en Humanismo y crítica democrática, uno de sus últimos libros, por qué las humanidades pueden seguir teniendo un papel importante en el mundo actual. Él habla básicamente del academicismo estadounidense, que es el que conoce y del que ha formado parte en la Universidad de Columbia (famosa por su respeto a las humanidades), y lo pone bien a caldo. Critica, como otros, la ridícula especialización excesiva, el uso del lenguaje abstruso para ocultar discursos vacíos, la servidumbre directa o indirecta (mirando para otro lado) del poder, el vivir de espaldas o, como mucho, en paralelo al mundo real. Porque es ese mundo real el que más necesita de los humanistas, como contrapeso al imperialismo difundido y legitimado por los medios de masas. En un gesto de elitismo (más o menos justificable) propio del humanismo, Said viene a decir que la gente necesita a esos sabios que les iluminen. Los congresos y las publicaciones ya andan bien servidos.

Lo más interesante del libro se encuentra en la conclusión, donde sintetiza en tres puntos a modo de tres luchas el papel que el humanismo, en concreto sus paladines los intelectuales, puede (y debería) tener en el mundo actual, y que nadie más está tan capacitado para ejercer. Sobre todo ello, la defensa de los auténticos valores democráticos. Son estas tres luchas, interpretadas con cierta libertad por mí:

1) «Protegerse de la desaparición del pasado e impedirla». La hoy tan denostada tradición, barrida por el ascenso en reputación de la cultura popular, todavía es quien más tiene que enseñarnos. Aún hoy es posible interrogar a los clásicos desde nuestra perspectiva actual, y obtener mejores respuestas de las que puedan encontrarse en casi cualquier otro sitio. Ejemplo: ¿por qué perder el tiempo refugiándose en la psicología e inventando nuevos síndromes (al servicio de las farmacéuticas y del control social en general) para intentar entender al hombre, si prácticamente todo lo que nos puede decir ya estaba en Sófocles? Y con mucha mayor profundidad y comprensión de lo que es el ser humano en su totalidad. Aquí he puesto de mi parte; aunque durante el libro habla mucho de esto, en realidad en este punto se refiere sobre todo a la preeminencia de la Historia como materia sobre la que trabajar, teniendo siempre presente que sus protagonistas son seres humanos como nosotros. Un poco aquella cita de Santayana de que quien olvida su Historia está condenado a repetirla.

2) «Construir con el fruto del trabajo intelectual campos de coexistencia en lugar de campos de batalla». Said se refiere a abrazar un multiculturalismo enriquecedor, no tanto en el sospechoso sentido postmoderno que deriva en peligroso relativismo (lo critica abiertamente), sino más bien como la «empatía» de la que hablaba Rifkin. Uniendo esto a la recuperación de la Historia, todos podemos aprender mucho de los procesos de descolonización y de las otras culturas en general. Y podemos porque todos somos seres humanos y tenemos una base común que permite comprendernos mutuamente hasta cierto punto. El humanismo también tiene la función básica de desmontar las mentiras y manipulaciones de los medios de masas, sobre todo las que justifican las violencias imperialistas. «Quizá el intelectual sea una especie de memoria antagonista, con un discurso antagónico propio, que no permita que la conciencia mire hacia otro lado o se adormezca». Termina con una genial cita de Johnson: «como dijo el doctor Johnson, el mejor correctivo consiste en imaginar a la persona con la que uno está discutiendo -en este caso, a la persona sobre la que caerán las bombas- leyendo tu escrito en tu presencia».

3) Said se refiere explícitamente al conflicto de Palestina, como no podía ser de otra manera dado su origen y su trayectoria. En un sentido más amplio, lo que quiere decir es que el humanismo debe ser consciente tanto de sus límites como de los límites del ser humano, ya que «también se da el caso de que hay oposiciones dialécticas que no es posible conciliar, no se pueden trascender o a las que no se puede dar carpetazo mediante una especie de síntesis superior inequívocamente más noble». Es decir, que el humanismo actual tiene que abandonar las utopías definitivamente, sobre todo tras las infernales experiencias del siglo XX. El intelectual tiene que comprender el mundo en su medida, y tratar de buscar o ayudar a buscar soluciones realistas, justas y, en fin, humanas.

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